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FELIPE VI

Felipe de Borbón y Grecia nació para ser Rey de España, porque sus hermanas mayores, no podían reinar. Fue en verdad preparado muy minuciosamente. Lo recuerdo: era un muchacho muy atractivo en varias Universidades y en el Ejército y la Armada. Dio la vuelta al mundo como guardiamarina en el buque-escuela “Juan Sebastián Elcano”. Desde luego su vida sentimental antes de Letizia -con Isabel Sartorius, por ejemplo- se conoce. Pero uno solía pensar que ese joven, en general consciente de su destino, debía tener no mucho tiempo libre. Nació el 30 de enero de 1968. Mi abuela Fermina había muerto hacía catorce días. Cursaba yo aquel PREU que sería mi último año del viejo y más noble Bachillerato. Vino desde Suiza a ser su madrina de bautismo, la exreina Victoria Eugenia de Battenberg. Fueron días de exaltación de la monarquía constitucional, con miles de banderas reales, ajenas con relativa discreción al franquismo imperante, que tuvo que tolerar aquello. Yo fui un jovencito elegido por las Juventudes Monárquicas, para ir a recibir a la vieja y muy solemne reina en el salón de autoridades de Barajas. Se hospedó la reina en el palacio de Liria de Madrid, de la casa de Alba.

El atractivo y atareado Felipe (también, creo gracias a su madre Sofía, seria y “muy profesional”) tuvo mucha mejor formación y arranque que su padre Juan Carlos, un rey simpático, muy mujeriego, que acaso no fue muy listo, pero tuvo excelentes consejeros. Por eso fue un rey que, pese a las iniciales dudas, resultó popular, querido y lo tuvo casi todo en su mano. Es pena que haya rodado al suelo, al fin -con algún daño para su hijo, pese a haber abdicado- por su apetito faldero, ya no con actrices de casa, sino con aristócratas más o menos aventureras, con quienes lo de menos sería el sexo o la libido, y lo peor, la sospecha (aún no probada) de millones de euros gastados -aunque procedieran de regalos- y la sospecha de no pensar en España ni en la dinastía en esos últimos momentos como rey…

Felipe VI parece muy lejos de todo eso y hasta ahora ejerce como Rey y Jefe de Estado irreprochable. Quizás ha sido demasiado prudente en estos últimos tiempos. Consciente de la campaña de desprestigio que el lado podemita del Gobierno (y en especial el horrible y acaso corrupto Iglesias) llevan contra él, con escasos disimulos, debió dirigirse a la nación en la plenitud de la crisis del coronavirus, para animar, alentar a todos, y respaldar la Constitución que Podemos y los separatistas quieren abolir. Felipe VI, contra quienes hacen por postergarlo, debió hablar: El no gobierna, pero reina. Yo no sé si soy monárquico o republicano y creo que no es la hora de ese debate en España. En cualquier caso, la República factible en este instante sería bochornosa. Estoy pues con la discreción y el buen hacer de Felipe VI (el primer Felipe desde el siglo XVIII) y sólo echo en falta -precisamente por estos malos, muy malos tiempos- una mayor presencia del Rey, en favor de todos y en discreto favor de una Monarquía que -pese a errores últimos de Juan Carlos- ha coronado tiempos felices para nuestra pobre patria, hoy -a mi juicio- tan mal gobernada por ambiciosos, necios y necias. Hoy 8 de septiembre día en que murió en Villanueva de los Infantes, el gran Francisco de Quevedo en 1645. Él que escribió: “Y es más fácil, oh España, en muchos modos,/ que, lo que a todos les quitaste sola,/ te puedan a ti sola quitar todos.”


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