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EVOCACIÓN DE BERNARD BERENSON

Supongo (el mundo ha cambiado mucho, y no siempre para bien, ni mucho menos)  que un personaje como fue Bernard Berenson (1865-1959), de gran notoriedad en su tiempo y hoy acaso sólo conocido por especialistas, ya no sea posible.  Era hijo de judíos lituanos pobres pero con un padre emprendedor, y aunque creo que a él no le gustaba el recuerdo este, Bernard  (con un apellido ruso) nació en Vilna, hoy Lituania, pero con apenas cinco años, la familia emigró a EEUU y allí prosperaron y se cambiaron el nombre, entonces y en Boston -que para él era su verdadera patria- nace el chico Berenson, que estudiará en Harvard, asistirá a las lecciones de William James (el psicólogo, hermano de Henry) que le fascinaban y a muchos cursos de arte, historia y filosofía. Cuando termina su educación, Bernard Berenson no ha hecho una carrera académica -o no la seguirá- sino que ha adquirido una educación magnífica en humanidades, y necesita el arte, especialmente porque admira a Walter Pater, en Oxford, que también fue maestro de Oscar Wilde.  Berenson se traslada a Inglaterra y después va a Italia, que era (es) la meca del arte… Allí estudia en directo a los grandes pintores y empieza a escribir sobre ellos, no es un profesor, es un dilettante, pero un hombre con una gran cultura y que sabe cultivar (y bien) las relaciones mundanas. Además tiene una especial sensibilidad o mirada para ver y captar en los lienzos, lo que otros no vieron ni captaron.  El primer gran estudioso del arte que encomia la labor de Berenson fue el gran maestro suizo-alemán, Heinrich Wölfflin. Los primeros libros notables de Berenson se publicaron aún en el siglo XIX: «Los pintores venecianos del Renacimiento» (1894) o «Los pintores florentinos del Renacimiento» (1896) que se juzgaron obras nuevas y excelentes. Para muchos su cima (no para él, según confesó) llega con los dos tomos  «Dibujos de los pintores florentinos» -1903- que da valor no sólo a la pintura sino a los dibujos de los maestros. Pensemos en Leonardo o Miguel Ángel. Berenson deviene un reputado experto en arte y sensibilidad pictórica del Renacimiento italiano, pero también en un personaje poderoso, pues gracias a sus amigos ricos, orienta o decide las compras de museos estadounidenses, además de enriquecer las colecciones privadas de muchos particulares. Berenson vive ya en Italia (lo hará siempre) y compra , los precios no serían con todo los actuales, una villa cerca de Florencia, llamada «I Tatti».

La obra de Berenson es enorme, aunque va pasando de libros de honda panorámica a monografías más particulares, sobre Lotto, Caravaggio (1953) o libros de reflexión «Ver y saber» del mismo año… Cuando estalla la 2ª Guerra Mundial, Berenson -judío, aunque terminó haciéndose católico- no puede sentirse seguro, y además es yanqui. Pero Mussolini fue menos cruel que Hitler -aunque más aparatoso- y como Berenson se escondió en su villa, no habló y contó con la protección de un marqués italiano bien situado, capeó el temporal -que no fue pequeño- diríamos sin hacer ruido. En esos años de dorada reclusión, escribió Berenson (se editó en 1949) el libro que hoy presenta Elba en español, «Apuntes para un autorretrato», mucho menos una autobiografía -no hay mucho de eso- como un análisis lúcido del carácter, manías y singularidades del hombre ya viejo y desengañado de la mundanidad: «Si los amigos nos dan la espalda o nos resultan cada día más aburridos, la relación no sobrevive.» (…) «Como ya he dicho antes, yo nací para la conversación, no para escribir libros.» Este es el tono, del viejo elegante y sabio.  Visitó Madrid varias veces, fue amigo del Duque de Alba, que le abrió la colección de Liria, el Museo del Prado y la colección de Lázaro Galdeano, viviendo aún su fundador. Como digo no fue un profesor sino un «connaisseur» y me temo que eso -tan importante- hoy no se sabe dónde situarlo… Bernard Berenson murió en su villa florentina (mito de saber y altas relaciones) y la Iglesia Católica lo honró con pomposos funerales. 1959: hace ya mucho tiempo. Pero nada de Berenson, el italianizado, sigue siendo desdeñable. Comprueben.

(La ya casi retirada y elegante actriz Marisa Berenson, un tanto operada hoy, aquella refinada belleza, es su sobrina biznieta).


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