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Decadencias

Espronceda, pornógrafo

José de Espronceda fue nuestro mejor poeta romántico, nuestro Byron. Como Foscolo fue el de los italianos o Puchskin el de los rusos… Sabemos que Bécquer fue más lírico, pero posterior. Es un romántico ya casi fuera del Romanticismo, Espronceda, no. Como dijo Gil de Biedma (por el coloquialismo esproncediano) «Espronceda fue nuestro primer poeta moderno».   Y sabemos de antiguo que a muchos de nuestros románticos (en su mayoría inconformes y rebeldes, como marcaba la hora) les gustó ir contra la censura y contra la moralina dominante, escribiendo -en broma, para solaz, por cachondeo, para escandalizar- poemas eróticos ( o mejor pornográficos) que circulaban anónimos, clandestinos y con fechas falsas. Es posible que algunos de esos poemas -según dicen los manuscritos en la Biblioteca Nacional- se escribieran al alimón, entre amigos, o que unos se cruzaran con otros. Pero ahí están, rompiendo la pacatería española, como se demostró hace años con el libro de los hermanos Bécquer (los dibujos son de Valeriano) «Los Borbones en pelota»…

Estos poemas de Espronceda (1810-1842) se edtaron ya en Inglaterra en 1875, «Cancionero de obras alegres» en la imprenta H. W. Spirrtual, y en 1932 los sacó aquí Cascales Muñoz, «El auténtico Espronceda pornográfico y el apócrifo en general», eso sí, advirtiendo que se trataba de poesías «en su mayoría nauseabundas». El lector de esta «Poesía licenciosa» que ha editado Visor en edición de Jesús García Sánchez y reproduciendo la corta biografía de Espronceda de Antonio Ferrer del Río, muy de época, se convierte en una joyita divertida y lúbrica, que muestra la cara desenfafada del Romanticismo en su procacidad, con cantos falsamente épicos a «La mujer», cuyos capítulos son «La soltera», «La casada», «La viuda», «La monja» y «La puta». Las feministas los tendrán obviamente por misóginos, pues la mujer no sólo es objeto de placer sino que lo desea con ardor y lo provoca, y el hombre cumple, verga en mano. Pero esa no es la mirada. No reproduzco ninguno de los muchos versos licenciosos por razones obvias, pero se los recomiendo al lector para que entienda mejor al arrebatado y liberal Espronceda (que murió con 32 años) cantado por Gil y Carrasco. Sabemos que en los poemas pudieron colaborar otros románticos como Santos Álvarez, Ventura de la Vega o Ros de Olano, pero hay mucho de esproncediano en el tono general y en la métrica neoclásica, como la que (en serio) usó en su juvenil «El Pelayo». Buscando libertad desaforadamente, Espronceda cae como tantos románticos de siempre (rockeros incluidos) en la desesperación y el exceso. Por eso es mejor dar libertad que quitarla.Ferrer del Río dice de él: «amaba los peligros y se esparcía  su ánimo imaginando temerarias empresas.» Le gustaban también las orgías y el tremendismo como se ve en ese más que curioso poema que es «La desesperación» («Me agrada un cementerio/ de muertos bien relleno…») que culmina, entre mil nubes tétricas, con las bellas que , desordenado el cabello, dejan ver «al aire el muslo bello/en plena convulsión». Un Espronceda poco conocido que nos llega limpio y procaz, mostrando como actúa la libertad (oculta) cuando se quiere frenar. El otro Romanticismo.


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