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Decadencias

Epitafio para Michael Jackson

Los antiguos tenían una gran tradición de conversar con los difuntos, y no sólo en los libros, como nos recordaría Quevedo (“Escucho con mis ojos a los muertos/ y vivo en conversación con los difuntos”.) De ahí la más que extendida costumbre del epitafio, donde un profesional a menudo al dictado de la familia o del propio finado, antes del deceso, trazaba en unas palabras a menudo en verso, su aquiescencia con la vida, su deseo de tranquilidad e incluso a veces dejaba señal de lo que le había ocurrido. En general predomina el sentido de calma y tranquilidad ante lo inevitable y la reiterada sensación, de que fuera del ciclo vital, sólo la bonanza espera… Véanse los “Carmina Latina Epigraphica”, en dos volúmenes, que editó en Leipzig ,Franz Bücheler entre 1895 y 1897. De ese riquísimo “corpus” de epitafios latinos anónimos, Ana Rodríguez de la Robla acaba de publicar una selección bilingüe en Icaria (Barcelona) con el título “La última palabra”. Miremos una muestra: “En esta casa/ eterna estoy, aquí siempre estaré.” Y los que aluden a la gloria o a la fama, concluyendo: “reputaciones hay que no saben lo que es morir.” Tal parece siempre el caso de los laureados por la fama, y ya nos damos cuenta que ese será, a no dudar, el caso de Michael Jackson, muerto cuando el cuerpo no puede sostenerse y la vida se ha llevado más allá de la vida. Sí, sentiremos pena por el niño negro de los “Jackson’s Five” al que el padre (por eso no lo cita en el testamento) no perdonaba contrato. Sentimos la pérdida del bailarín, cantante y “showman” que logró el record y el deslumbramiento de “Thriller”. Y luego –en el inicio de una pronta decadencia- sentiremos conmiseración u horror ante un carácter primario seducido por la inocencia infantil de un lado y por otro, por los ámbitos góticos o simbolistas que le llevaban a ser otro, a querer transformarse e ir mucho más allá, venciéndola, a la naturaleza. ¿Lo ha logrado –blanco y delgado, un ser artificial como la “Eva futura” de Villiers- o es la Naturaleza la que al fin triunfó y se impuso por sus leyes más elementales, abatiendo al monstruo exquisito? Quizá Michael Jackson, en la que sin duda será una tumba para la publicidad, el mito y los dólares (como Elvis) necesite un epitafio que haga detenerse un momento al paseante: “Siste, viator”. Detente caminante. Y ahí escucha un instante, presta atención, enseguida seguirás tu ruta. Por ejemplo: “Detente un momento, caminante. Fui Michael Jackson, quizá ciudadano del mundo, como las estrellas. Gocé del placer del baile y del deseo y me cubrieron de oro. También conocí el lado sombrío que aún no es el Aqueronte y que bien puede llamarse la envidia y la maldad de los otros. La música y la voz fueron mi reino. Pero no me recordarás por ello, sino porque siendo negro me hice blanco y como a tantos insatisfechos la vida (la que tú ahora gozas) no me pareció suficiente en la vida. Quise cambiarla y mudarla –recuerda mi piel, mi androginia, pareja de los dioses- pero Cloto, cruel, cortó la cuerda. Toma ejemplo de mí y sigue tu camino. Que seas feliz, a mi la tierra ya me es leve”. Sí, podría ser un epitafio clásico para ese fenómeno que fue Jackson el artificial. Por mucho que nos guste (el baile, las piruetas, los videos) no debemos olvidar que pasa a la historia como un monstruo tierno y tradicional: El artificio vale más que la naturaleza. La vida puede superar a la vida. ¿Puede?


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