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ELEGÍA (Poema inédito en la muerte de mamá)

Pensemos un claro reino de silencio. Y una fúlgura

(el recuerdo la invoca) que debe llamarse caridad:

Amor más allá del amor, puntal de la ternura…

Yo sabía que era el fin, y prácticamente no me daba cuenta.

Dormías, beata, en tu lecho. Y te besé la frente y palpé

la suave ancianidad en las pecas de tus manos delgadas.

Quizá ya no eras mi madre. Sino mucho más, un fulgor

de eternidad sin lugar, que me alcanzaba. Siempre a tu lado,

oyendo cómo tu respiración blandamente mermaba,

no me di apenas cuenta, mamá, de que era el fin y el inicio

extraño de mi rotunda soledad. Era suave la luz y enorme

la calma. Pensé en un mechón de tu cabello rubio, no lo hice.

No me daba cuenta de casi nada y lo sabía prácticamente todo.

Tu fin, mamá, fue bonanza y dulzura y un hijo muy mayor

vuelto niño inválido ante tu partida. Pudo haber drama.

Pude llorar. Pude encender tenebrarios desesperanzados.

Pero sólo hubo una inmensa y rara paz. La muerte iluminó

tu vida  para que sólo quedara un brillante recuerdo

de gemas que fulgían. Te sacaron cubierta al filo del alba.

Tú habías sido alba, cenit, nadir, ocaso, plenitud, lucha…

No me daba cuenta del amor inmenso que dejaba luces

encendidas. Ahora (tarde) sé que ese dulce adiós me principiaba.

 

(Este poema, escrito hace poco más de un mes, podría formar parte del nuevo libro de poemas que ultimo: «Grandes galeones bajo la luz lunar». Pero acaso he escrito ya mucho sobre el final de mamá y sus consecuencias. Por ello -no creo que el poema sea del todo malo- no estará en el libro. No dejo de sentir tu ausencia, mamá.)

 


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