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EL MUCHACHO VIETNAMITA

Hay quien dice (aunque necesita todo tipo de matizaciones) que en la literatura toda, la forma -el modo en que se escribe- importa mucho más que el contenido. Los que esto defendían, creo que ya en decadencia, apodaban a los otros “contenutistas”… ¿No importa lo que un libro dice o piensa? Claro que es muy importante el cómo está dicho, pero lo que dice, incluso a veces superficialmente, cuenta. Viene esto muy a razón de la primera novela, en inglés, de un joven vietnamita que se ha hecho norteamericano -antaño, el enemigo- y que acaba de publicar Anagrama en español. El título de Ocean Vuong (nacido en Saigón en 1988) es muy llamativo: “En la Tierra somos fugazmente grandiosos”. Historia de un muchacho vietnamita.

La novela (bien montada y estructurada, en tal sentido una buena novela) narra con carácter visiblemente autobiográfico, la historia de un joven vietnamita -que no conoció la guerra- pero que con su madre y su abuela, que sí la padecieron, huye de la miseria del nuevo Vietnam, y tras pasar por Filipinas, llegan a EEUU. Apenas saben inglés, pero el muchacho, por su edad y porque se escolariza, lo aprende pronto, en tanto que no ocurre lo propio ni con la madre ni con la abuela, que se sienten extrañas al país, que siguen hablando vietnamita, y que aún guardan, más o menos hondas secuelas de la terrible guerra, en la que Lam -la abuela- había llegado a hacer de prostituta para las tropas yanquis. Ni la madre ni la abuela del chico (aunque lo intenten) aman EEUU, acaso sencillamente no pueden… Pero el muchacho vietnamita, que aprende pronto inglés y que es homosexual, aunque inicialmente es acosado en la escuela por “diferente” -chinito y además afeminado- poco a poco y no sin sacudidas se va integrando a ese mundo nuevo, que terminará inevitablemente siendo el suyo. Luego conoce a unos muchachos, cerca de una granja, sanotes y nobles, con quienes tiene ese apasionado sexo adolescente. Así, obviamente, EEUU comienza a serle familiar, suyo, y terminará estudiando y pensando en escribir. El resultado esta buena primera novela, “En la Tierra somos fugazmente grandiosos”. La trama básica: ver cómo un muchacho vietnamita, en principio ajeno a lo norteamericano, poco a poco se va volviendo yanqui, asumiendo los errores de su nuevo país con Vietnam (muchos errores) pero también sintiéndose, cada vez más, parte de ese mundo lleno de tropiezos y bondades -acaso como todos- pero que ya es el suyo. Todo este proceso -y el de la iniciación y la normalización gay del muchacho- se va describiendo minuciosamente y con acertada estructura, hasta terminar con el joven vietnamita norteamericano, que tal vez nunca pueda olvidar viejas y hondas heridas familiares (su madre, su abuela) pero que ya se siente yanqui, pese a todo, virtudes y defectos. No me duelen prendas en decir que la novela es buena, pero me parece justo aclarar que salvo momentos intensos de recuerdo o de sexualidad, a mí el proceso del vietnamita que se vuelve yanqui -y la novela no es breve- me ha interesado poco. Igual encanta a otros. A mí me ha parecido lejos. Tal vez yo no sea (no lo soy) ningún devoto de la clase media yanqui, tan vulgar. Acaso sea eso. El escritor yanqui/vietnamita es también poeta.


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