Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


Decadencias

EL GRAN WILLIAM BURROUGHS

Iba a haber escrito, “el primer” William Burroughs. Pero me doy cuenta de que (salvo alguna excepción como “Los muchachos salvajes” de 1971) a mi me parece que el mejor Burroughs, mezclando malditismo y transgresión  con una legibilidad nueva –pero legibilidad- y hasta novedades sintácticas, estructurales y rítmicas, está en sus tres libros primeros en escritura            –“Queer” o “Marica” sólo se publicó en 1985, aunque existía desde 1953-  que Anagrama acaba de reeditar en un solo tomo atractivo, en su nueva colección “Compendium”. La fama mefítica, drogada, transgresora y marica de Burroughs (no legustaba mucho el término “gay”) nace en su etapa de voluntario trasterrado, en México, Ecuador y Tánger – a veces con Ginsberg o con Kerouac- donde buscaba libertad, drogas (también la mítica ayahuasca) y chicos lindos y dispuestos… Naturalmente para los primeros años 50 del pasado siglo  –más bien puritanos, estrechos- las novelas de William Burroughs (1914-1997) sobre drogadictos no arrepentidos, maricas bohemios, y “beats” o aventureros de todo género, no eran nada recomendables, por lo que inicialmente se publicaron en colecciones baratas y eróticas –libros hoy bien cotizados entre bibliófilos- con portadas llamativas y con pseudónimo: William Lee.

“Yonqui” (1953) fue la primera novela  (más bien breve) de Borroughs. Su estilo frío, de frases cortas, pero interior ardiente, es la historia de un yonqui –adicto a la heroína- que la deja y vuelve. (“Tal vez encuentre en el yagé lo que he estado buscando en la heroína, la hierba y la coca. Tal vez encuentre el colocón definitivo.”). “Queer” –o “Marica”,la traducción sigue siendo polémica- es la continuación de las aventuras de Lee en México, entre expatriados y nativos, pero ahora con chicos y no sólo con droga. “Queer” donde ya hay fragmentos y elementos visionarios, no se publicó en la épocasegún unos porque quedó sin concluir, según otros (algún editor incluido) por excesiva, por atrevida… Pero todo quedará atrás cuando en el fin del mítico Tánger Internacional, con Bowles cerca, Burroughs escriba “El almuerzo desnudo”, que se publicó en 1958 y no sólo es su primera gran novela, sino a mi saber una de las mejores del siglo en inglés, lo que no es decir poco.  Lo experimental, el sexo, la visión, la droga y el relato no falto de lujuria, todo se da en “Interzonas” ciudad de no difícil identificación. Con una escritura libre, lírica y natural y un buen uso del fragmento, “El almuerzo desnudo” consolidará la fama transgresora y exigente de Bill Burroughs, con capítulos célebres como “La sala de juegos de Hassan” y sus chicos atrayentes. Homosexualidad joven, venal, droga y personajes ambiguos como el doctor Benway, hacen de “El almuerzo desnudo” un complemento y un paso más allá de la espléndida “El bosque de la noche” de Djuna Barnes, tan elogiada por Eliot.  En estos tres relatos (dos de ellos breves) Burroughs alcanza la maestría. Ensayará cortes y variaciones en “Nova Express” o “El ticket que explotó”. Son experimentos en la línea del experimento, si vale la tautología. “El almuerzo desnudo” (descarnada, extraña y bella) es experimento en la línea del hallazgo, no del tanteo. Es una cima. Y Burroughs sigue  siendo el gran transgresor, ese hombre superviviente a todo, que casi siempre usó sombrero (pequeño) y corbata. Un clásico nuevo.


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?