“El entierro de Cristo” de Caravaggio
Entre las molestias que puede traer a una ciudad la visita del Papa en tiempos de crisis, digamos que la que ha hecho en agosto a Madrid, se ha visto compensada para sus habitantes y visitantes, por el préstamo que (durante unos meses) ha hecho la Pinacoteca del Vaticano a la ciudad del cuadro de Caravaggio “Entierro de Cristo”, conocido también como “Descenso del cuerpo de Cristo al sepulcro” y que se pintó -se conservan los registros- entre 1602 y 1604. Es cuadro que tiene múltiples copias (entre ellas una de Rubens y hasta una bella acuarela de Cézanne) aunque el que está en el Vaticano es el auténtico. Ver Caravaggios es cada año un honor más alto, pues los museos italianos -que poseen el setenta por ciento de la obra del polémico autor- hace años que siguen la sensata política conservadora de no prestarlos, ni siquiera a las más célebres o prestigiosas galerías del mundo. Un Caravaggio es un tesoro único y hay que cuidarlo… Baste decir que sin los descubrimientos pictóricos de Micheangelo Merisi, sin su realismo audaz, sin el claroscuro, sin sus fabulosos escorzos, no habrían existido dos de los genios del XVII, ni Velázquez ni Rembrandt. ¡Ahí es nada!
Sin embargo este gran cuadro donde resalta hacia el espectador la gran losa sepulcral, al punto que los ojos al huir se topan con los brazos alzados y dolientes de María de Cleofás, mirando el abigarrado primer plano con el cuerpo de Cristo yacente y pálido y la sábana caída, ha traido la inevitable polémica que siempre ha de acompañar a Caravaggio, que muy probablemente murió asesinado por los caballeros de la Orden de Malta con quienes tuvo serios problemas (acaso de índole sexual) que con exactitud no conocemos, aunque sí la persecución de que hicieron objeto al pintor desde que huyó de la cárcel de La Valetta…
Nacido en el pueblo cercano a Milán del que tomó su nombre -Caravaggio- Michelangelo Merisi nació en 1573 y murió en Porto Ercole (donde había una guarnición española) en julio de 1610. Se dijo que de fiebres palúdicas y abandonado, pero como he dicho muy probablemente asesinado por los malteses que ya lo habían herido muy gravemente en 1609 el la taberna del Cerriglio en Nápoles… La mayor parte de la vida artística de Caravaggio ocurrió en Roma o en Nápoles y Sicilia, los dos últimos gobernados por un virrey español que intentó proteger a Caravaggio, aunque sólo fuera por quedarse con alguna de sus excepcionales pinturas. Caravaggio era un hombre pendenciero y turbulento que había herido de muerte a un hombre en el juego de pelota en Roma, por lo que tuvo que huir… Andaba frecuentemente entre putas y “bardasse” lo que en el italiano de la época (pese a la morfología femenina) era masculino y aludía a los chicos que se prostituían en las calles, hoy diríamos “chaperos”. Es posible que ( pues pintaba del natural) para trazar su espléndido “La muerte de María” -tradicionalmente se hubiera dicho “la dormición”- se basara en una mujer mayor, muerta en un cuchitril y con el vientre hinchado, cosas que parecieron harto “impropias” a muchos eclesiásticos de la época. Suponemos que igual ahora: al aceptar el préstamo de la Iglesia al Estado Español, delante del Nuncio de la Santa Sede y del arzobispo de Madrid, Rouco Varela, la ministra de Cultura socialista ha invocado el genio pictórico de Caravaggio y su evidente y conflictiva homosexualidad. Ha hecho bien. Caravaggio fue un genio turbulento y creador sobre el que hay mucha bibliografía; déjenme recomendarles mi libro (en buena parte una lectura psicoanalítica de su obra) “Caravaggio, exquisito y violento”. Cuadro y autor merecen ampliamente la pena…
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