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EL CALIFATO ESE…

(Este artículo se publicó el viernes en los periódicos del grupo Promecal).

A la mayoría la voz “Califato” nos devuelve a un Islam medieval conquistador pero culto, el Califato omeya de Damasco y el abasí de Bagdad, cuanto había poetas eróticos en árabe y a esa lengua (antes que en Occidente) se había traducido a Aristóteles… Por ello nos sorprende contrariamente que ahora se llame “Califato” a ese Estado de Irak y de Levante que comete todo género de tropelías y barbaridades llevando la religión –rigorista, extrema, inaceptable- como bandera. Se secuestra, se degüella, se viola y se asesina en nombre de un dios absurdo y tan brutal como sus secuaces… Lo normal era pensar que todo ello (execrable, desde luego) ocurría muy lejos de nuestras fronteras, en zonas semidesérticas de Irak y de la martirizada Siria… Pero sabemos que hay al menos cincuenta yihadistas (soldados del Califato se llaman también) que vienen de Ceuta y tienen pasaporte español, por no hablar de los muchos más británicos o franceses. Para  negar la lejanía, un ciudadano francés es capturado en Argelia y está al filo de morir porque Francia (como es lógico)no negocia con terroristas. Los captores se denominan “soldados del Califato” y andan por las montañas de la Cabilia argelina. Es decir, están a un tiro de piedra de nuestro confort, todo lo relativo que se quiera. El débil gobierno de Argel (con un viejo Buteflika poco respetado) y la total desestructuración de Libia, donde no existe un  gobierno legal, sino innúmeras banderías, son perfecto caldo de cultivo para el actual y terrible extremismo islámico.

Ambos países saben ya (desde que bombardean con sus aviones posiciones de ese Estado Islámico espantoso) que EEUU y Francia, y claro  sus ciudadanos, son objetivo prioritario de los “soldados del Califato”. Las propias ciudades de Francia o de Estados Unidos no están a salvo de uno de esos ya tan conocidos atentados suicidas. Si alguien creía que la religión mal usada no puede hacer mucho daño, aquí tiene obvia la prueba contraria. Cuando la religión cae en manos de salvajes se vuelve una salvajada. Es una baza para el laicismo, pero es verdad. De siempre es sabido (basta repasar la Historia, “maestra de la vida”, como quería Cicerón) que pocas armas de destrucción masiva han sido más letales  y mortíferas, como las religiones utilizadas cual hachas filosas. En estos casos extremos, la tolerancia no es buena, porque se vuelve contra quien la practica. Un Islam sensato es respetable, pero hoy más que nunca hay que estar contra el uso público de emblemas religiosos, sobre todo cuando ocultan. Una musulmana podrá creer que el velo es lícito, hemos de decirle que en Occidente no. Se podrá cubrir la cabeza  pero no el rostro. ¿Guerras de religión? Están en la esquina.


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