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Decadencias

Eduardo Chamorro, periodista de cultura

Mis primeros recuerdos y parcas conversaciones con Eduardo (que siempre parecía serio sin serlo, la barba) datan de las gloriosas noches del pub “Dickens” de Madrid, donde Chamorro junto a Martínez Sarrión montaban la guardia a su admirado y muy amigo Juan Benet, mientras los tres criticaban a los pipiolos –que éramos los demás- y le daban al güisqui para el que mostraban un saque estupendo…Por eso (y por veneración literaria) Chamorro pudo escribir casi diez años después de la muerte de “Don Juan” –como llamaban a Benet- uno de los libros más atractivos sobre el autor de “Volverás a Región”, “Juan Benet y el aliento del espíritu sobre las aguas” ¿Es el libro de un periodista de cultura? ¿No es igual un periodista de cultura que otro periodista cualquiera? Debiera acaso serlo, pero habitualmente (y es una desgracia) no lo es. El periodista de cultura, como lo era Eduardo Chamorro, tiene a la par, mucho de informador y otro tanto de escritor puro. Naturalmente no se le caen los anillos por meter baza y opinión razonada sobre cualquier sonsera de los políticos mindundis, que son legión. Pero sobre cualquier incursión a lo cotidiano barato, hecha con gusto, brilla, antes y después el cuidado de la prosa y en general el gusto por hacer un tipo de libros (suelen decirse “inclasificables”) donde todo se da la mano. Eduardo Chamorro, por ejemplo, escribió con Rafael Azcona un guión para la película de Mario Camus “Los desastres de la guerra” al tiempo o casi que preparaba novelas de misterio como “Guantes de segunda mano” o seguía trabajando e indagando en un mundo que siempre le apasionó, el de la decadencia del Imperio español con los últimos reyes de la Casa de Austria, de donde vino su accésit al Planeta, “La cruz de Santiago”, una novela con Velázquez y Felipe IV o “El enano del rey”, lo que claro está no era óbice para investigaciones periodísticas como “Felipe González, un hombre a la espera” o “Viaje al centro de UCD”… Recuerdo también el temple sereno, zumbón y afectuoso de Chamorro en el viaje que hicimos (otoño de 1985) a Venecia, capitaneados por el poeta José María Álvarez, a visitar y rendir homenaje lírico a la tumba del poeta Ezra Pound en el melancólico y muy famoso cementerio insular de San Michele. Nos llamaron “fachas” por homenajear al genial Pound, algo que ninguno éramos, más bien al contrario. Algunos se preguntarán ahora (a su muerte con 63 años) si Chamorro era un escritor a ratos perdidos o un periodista que empezó en el Grupo 16, constante y bueno. Valle-Inclán dijo en un momento de desafecto que “el periodismo avillana el estilo”, lo que no es verdad más que en las noticias de teletipo que tienen otro cometido. Novelistas importantes como Mujica Láinez (que trabajó en “La Nación” de Buenos Aires) decía a cuantos le querían escuchar –un escritor culto, refinado, manierista- cuánto debía su técnica y su hacer al periodismo. Probablemente el escritor/periodista nace a fines del XIX, pero hoy lo tiene más difícil por los mandatos de la brevedad y la diseñocracia, pero su labor no cambia. El periodista de cultura, como Eduardo Chamorro, sabe hacer bien lo que le pidan, le gustan las aventuras novedosas y tiene claro que ser periodista no es saber tres chuminadas (y con pinzas) sino saber mucho de todo, cuanto más mejor, y saber trasmitirlo. Eso hizo.


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