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DON SEBASTIÁN Y EL PASTELERO DE MADRIGAL

La historia puede estar olvidada. Aunque en Portugal probablemente mucho menos. El “sebastianismo” se convirtió (todavía muy visible en Pessoa) en la promesa, semimística, de un posible y triunfal Portugal del futuro. Sebastián, joven, algo visionario y al parecer poco dado al sexo, era sobrino de nuestro Felipe II, hijo de Isabel de Portugal, una mujer muy bella. Cuando llegó al trono y contra consejos y pronósticos, don Sebastián decidió hacer una campaña contra el infiel en Marruecos. Aprestó al ejército lusitano y a un contingente español, en el que figuraba el gran poeta y capitán Aldana. La experiencia loca se saldó con la derrota de Alcazarquivir (1578) que acaba con ese ejército y donde murió Aldana y presumiblemente el rey portugués. Pero como el cadáver de este no apareció nunca y al poco Felipe II -que tenía derechos sucesorios- se anexionó el trono de Portugal, creando durante casi un siglo el más imponente Imperio de la historia, los desconformes con la anexión española crearon el mito del retorno místico de don Sebastián (historia mucho más complicada) o más fácil, propalaron que el rey no había muerto, sino que se había escondido y que reaparecería… Todo ello está muy bien narrado en el tomo de Renacimiento, “Historia de Gabriel de Espinosa, pastelero de Madrigal, que fingió ser el rey don Sebastián de Portugal”. El ameno prologuista y editor, José López Romero, edita un librito que salió en Jerez contando esa historia, fuente de mucha literatura nuestra, pero en el amplio prólogo narra la historia del mito y de las suplantaciones.

Felipe II se deshizo de todos los supuestos “Sebastianes” que aparecían, pero lo tuvo difícil con este Gabriel de Espinosa, de vida aventurera (y al parecer con cierto parecido con el rey) cuando terminó ejerciendo el humilde oficio de pastelero en la villa de Madrigal, en Castilla, y frecuentando el convento donde sin vocación vivía doña Ana de Austria, sobrina de Felipe, por hija del gran don Juan de Austria. Se dice que la regia sobrina y el pastelero tuvieron amores de los que nacería una niña, también de nombres sonoros para la Corte española, Clara Eugenia. Todo ello alentado por un monje portugués Fray Miguel de los Santos, que creía en el sebastianismo. Este lío y cómo se solventó es narrado por ese manuscrito jerezano de 1683 que ahora se edita, aunque los hechos ocurrieran o se cerraran en 1595, cuando el pastelero murió ajusticiado…

Lo curioso es que esta intriga (el rey español no quería dejar Portugal) creó una rica literatura entre nosotros desde “El pastelero de Madrigal”, comedia de Jerónimo de Cuellar,  hasta una novela de José Quevedo, pasando por tres muy notables obras románticas, la novela de Patricio de la Escosura, “Ni Rey ni Roque” de1835,  el gran drama de Zorrilla “Traidor, inconfeso y mártir” de 1849,  o la larga novela de Manuel Fernández y González, “El pastelero de Madrigal”, hasta terminar -por hoy- en un buen relato de Francisco Ayala, “Los impostores” dentro de una colección titulada casi en parejo “Los usurpadores”.  Se ve que vida y leyenda de Don Sebastián no son menos que vida y leyenda de Gabriel Espinosa, pastelero de Madrigal. Mucho más que curioso.


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