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DE LOS MALDITOS A LA MOVIDA

(Este texto se ha publicado en suplementos del diario El Mundo)

Se diría que la mirada del testigo sabe una cronología y unos matices, sobre ciertos hechos vitales o culturales, muy distintos a los que observan esas mismas cosas a posteriori, a menudo pasando por alto esos matices que fueron tan importantes y clarificadores. Eso pasa en España con el mundo cultural de la Transición (digamos entre 1976 y 1981) y el que luego se llamó Movida –algo más frívolo, en general- digamos que –las fechas extremas son siempre algo bailables- entre 1982 y 1991. Claro que el mundo “moderno” y contracultural que ya existía a fines del franquismo y que las libertades de la Transición acrecentaron más, se junta con la naciente “movida” a principios de los ochenta (quizás al tiempo del gran triunfo socialista de Felipe González)  y de muchas 49230327maneras pasa a ser parte de su base o cimiento aunque algunos –o muchos- no se percataran del todo.  La Movida –que de inicio naturalmente no tenía nombre, pasó del nombre común de un lugar divertido donde habría “movida”, al nombre propio de un mundo, una manera de vivir, una categoría- nace según algunos básicamente en Madrid, porque la capital no conoce fenómenos localistas o nacionalistas, y más  que andar buscando raíces se pretende alcanzar y superar la modernidad toda. Es el sueño madrileño de un Nueva York contracultural que hoy (y hace años ya) tampoco existe. El Madrid de la Movida o el Nueva York/Babilonia de Warhol,

Andy Warhol 1983, printed 1990 Robert Mapplethorpe 1946-1989 ARTIST ROOMS Acquired jointly with the National Galleries of Scotland through The d'Offay Donation with assistance from the National Heritage Memorial Fund and the Art Fund 2008 http://www.tate.org.uk/art/work/AR00219

Mapplethorpe y Lou Reed no existen. Ninguno de los dos. Se mueven entre las sombras doradas del prestigio y las más angulosas de la prohibición o cierto fantasma semejante. Y he citado aposta tres nombres doblemente significativos porque los tres pasaron en esos tiempos por Madrid. Warhol y Mapplethorpe (el primero en enero de 1983, casi como el que viene a apadrinar sin saberlo del todo) vienen a la capital a inaugurar sendas y notables exposiciones de cuadros y fotos en la entonces moderna y atrevida Galería Vijande. Ambos pasan con la aureola de los transgresores santos laicos, a caballo entre el chic más liberal –la cena/fiesta en el palacio de los March-  y el mundo marginal de ese montón de jóvenes anónimos, chicos y chicas, sedientos de modernidad y experiencias fuertes, que fueron de veras el corazón de la movida, y que Pablo Pérez Mínguez y yo arc_159457_gvimos mucho después en sus fotos, conociendo de vista a muchos pero ignorando plenamente quiénes eran. Claro, no eran nadie porque eran todos, y no es exagerado decir que todo ese anónimo mundo joven que llenaba salas y eventos, fue más el alma y el latir de la movida auténtica que incluso los nombres emblema o fetiche como Almodóvar, Alaska o Carlitos Berlanga, con sus letras estupendas…

Pero Lou Reed vino antes, llegó en el otoño de 1976 a la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid (ahora las torres de Florentino)  en una actuación que los modernos esperábamos con ansia porque Reed y singularmente su canción “Take a walk on the wild side” (Date un paseo por el lado salvaje) había sido un auténtico himno para la gente de mi generación, muy transgresora en general pero con un sustrato cultural mucho más fuerte y sólido que el estricto de lo que la Movida sería. Como he hablado de estos dos mundos en mis novelas “Malditos” (2010) que es ese orbe de la Transición y “Madrid ha muerto” (1999) que trata del  de la Movida, el lector interesado no tendría sino comparar 9041573en esas novelas-crónica, dos modos cerca y lejos. Fui al concierto primero de Lou Reed (mucho antes de su final etapa más domesticada y tranquila, desenganchado de las drogas) con Eduardo Haro Ibars, periodista y poeta que adoraba a Lou. Como su padre –Haro Tecglen- era el director de la entonces muy prestigiosa y “progre” revista “Triunfo”, Eduardo tenía carné de prensa y pase a los camerinos medio improvisados. Entramos antes de la actuación porque Eduardo quería pedirle una entrevista a Lou Reed. Vimos un ambiente confuso y nervioso, muy poco antes de levantar el telón. Casi de casualidad y apartado una cortina, fuimos a dar con el camerino del propio Reed que estaba casualmente solo, sentado en una silla y a punto de meterse un chute de jaco en vena. Aunque no éramos ningunos mojigatos y sabíamos del tema, la súbita visión del ídolo picándose antes de salir a cantar nos dejó paralizados y no nos atrevimos a interrumpir. No hubo pues entrevista. Y en la actuación, que seguimos con especial cuidado, a ratos creíamos ver algo que otros no verían: la heroína en la sangre.49910879

Todavía Iván Zulueta y su mítica película “Arrebato” (1980) que tanto tiene que ver con el “caballo”, no es movida, es el duro mundo cultural del malditismo contracultural de la Transición: Sexo, droga y rock’nd roll. ¿Luego las drogas tuvieron que ver en ambas etapas? Evidentemente. La heroína pasó del prestigio casi intelectual de una minoría que había leído a William Burroughs (de quien siempre hablaba Mariano Antolín Rato, novelista moderno de la hora) a ser la droga de la marginación y el lumpen más tirado, el pico contado por el cine de Eloy de la Iglesia o los mercados proletarios de la droga en el extrarradio. Aparte del LSD o del hachís o la marihuana, más consuetudinarios, la droga de la Movida fue la cocaína en la que todos caímos en algún momento. Era menos peligrosa y jubilosamente euforizante, que es lo que se pretendía. Si en las canciones de Reed (de un álbum como “Transformer”) hay algo muy radical, otras como las emblemáticas de Berlanguita, que empezó cantando Alaska (“tengo el cuerpo muy mal/ pero una gran vida social…”) representan dos miradas a la vida que no se contraponen fot_3731_grpero tampoco coinciden. La Movida fue fiesta, grupos musicales frivolizantes, foto (Pablo Pérez Mínguez o García Alix, menos testimonial pero más duro), el cine de Almodóvar, cierto periodismo “light” en revistas como “La Luna de Madrid” (que no fue la única) pero sin literatura ni poesía como tales. La literatura que refleja la Movida –y no es mucha, contando algunas memorias- se hizo, la hicimos, cuando la Movida había claramente dejado de existir. ¿La mataron los alcaldes del PP? Desde luego ellos no la favorecieron (como sí hizo el viejo Tierno Galván) pero acaso el propio decurso del tiempo y de las cosas también tuvo que ver, el desgaste de la Historia. Valdría pues la frase tópica: “Ente todos la mataron y ella sola se murió.” No es del todo mentira, ni mucho menos. Pero la ola conservadora existió, porque estaba Juan Pablo II o aún Margaret Thatcher … El clima final se sentía. Cuando Almodóvar presentó en la discoteca/bolera de Alaska su libro recogiendo las crónicas ya antiguas de “Patty FOTO PPM 2Diphusa”, una suerte de travesti que se infla de hombres y coca, alguien entre el público numeroso que asistía a la (quizás) última fiesta del imperio,  preguntó ¿y ahora que sería de Patty Diphusa?. Pedro no dudó en responder y estábamos en 1991: “Ahora Patty Diphusa habría muerto” Por drogas o sida suponíamos, si en parte no producían el mismo fatal efecto. Sí, el disfrute, la fiesta que pudo fugazmente parecer eterna, había concluido con algo de tragedia e infinita nostalgia…  Los malditos de la Transición (Haro Ibars, Leopoldo María Panero) tampoco se habían librado. Pero diferencias hubo. El Fernando Savater preboste de la acracia durante la Transición –nada de “pensamiento débil”- venía muchas noches conmigo a las fiestas y antros de la Movida y se divertía como Antonio Escohotado, pero cuando luego hablábamos de aquellos chicos y chicas, casi siempre nos parecían tan santamente loquitos y divertidos como pesos pluma en el ámbito o clima estrictamente intelectual. Está bien, claro, pero no es lo mismo.  También se ha hablado en ambos mundos o esferas del papel de la homosexualidad. El maldito de la Transición reivindicaba los image001derechos de un homoerotismo libre y subversivo, muy lejos del actual matrimonio o de la adopción de niños. Hoy parece que se busca (el mundo gay) avecindarse al territorio heterosexual, entonces era lo contrario. En cuanto a la estricta Movida (en un ambiente muy permisivo) el asunto parecía fincar en no ponerse etiquetas. El sexo debía ser libre y plural y no parecía  necesario definirse porque todos –si se terciaba- podían hacer de todo. Carlitos Berlanga era gay. Lo vi muchas noches o madrugadas en esos bares, pero en sus letras no parecía tener o sentir ninguna explícita necesidad de definirse con precisión. Que cada quien hiciera lo Lou Reed and Nicoque gustase.  Efectivamente, mirados de cerca, como testigo, malditismo de la Transición y epicureísmo lúdico de la Movida, para nada son lo mismo. Brillan las diferencias. Pero acaso uno no hubiese existido sin el otro y ambos terminan dándose la mano en dos cielos distintos, igual que Burroughs y Warhol fueron muy diferentes pero terminaron suponiéndose (o dejándose suponer) como imprescindibles. Esa es la cosa. Juntos pero revueltos no, en absoluto.     movida--644x362radio futura


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