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CUARENTENA, ALARMA: PROS Y CONTRAS

Dicen que España ha sufrido durante tres meses una de las cuarentenas contra el coronavirus más duras de Europa. Los enemigos del Gobierno Sánchez además -que no son pocos- aseguran que ese heteróclito y mal unido Gobierno ha abusado ilícitamente de la cuarentena. Dejemos la cuestión (pese a su gravedad) en el aire. Es obvio que cierta cuarentena era necesaria porque la irrupción fatal del Covid-19 tomó a todos los gobiernos de Europa -y de buena parte del mundo- con el paso cambiado. Hacían falta mascarillas, tests, geles hidroalcohólicos y una buena infraestructura sanitaria y hospitalaria para atender correctamente a los infectados. Pero cuando todo el aparato clínico y médico estuviera alerta y la población atendida, ¿era necesario que todos estuviéramos tres meses confinados, con un Gobierno a sus anchas, y con miles de negocios y economías familiares viniéndose abajo, rozando o cayendo en la pobreza por el confinamiento? ¿Iba a ser peor el remedio que la enfermedad? El tema es sobradamente delicado y merece reflexión, pero hay algo claro: pandemias ha habido muchas en la Historia (las terribles y crueles pestes de la Edad Media) pero nunca un confinamiento tan largo -y que no es, no puede ser una solución definitiva- había detenido tan completamente la vida, situando a tantas gentes y familias en el borde de la pobreza o con muy incrementados problemas económicos. Hay que tener claras normas sanitarias y cuidados minuciosos e intensos, pero no se puede “confinar la vida” sin grave riesgo para el vivir mismo.

Claro que en ese confinamiento (algo menos duro que en España) unos lo han hecho mejor que otros. Por citar polos opuestos, Alemania y Portugal nos han ganado por goleada. Y en Alemania el número de infectados ha sido muy grande, pero no el de fallecidos. Es decir, la Sanidad ha funcionado bien y la gente se ha comportado con sensatez, porque son en general más cultos y educados que nosotros.  Ahora el Gobierno Sánchez amenaza con más o nuevo confinamiento si las cosas no salen bien. Se equivoca gravemente de nuevo o barre para su casa. Un largo confinamiento es desastroso, porque no se puede “detener la vida” sin graves y múltiples riesgos. El económico uno de ellos. NO MÁS ESTADO DE ALARMA a favor del Gobierno Sánchez. Pero ahora que intentamos volver a la relativa normalidad (lo de “nueva normalidad” parece esconder una amenaza) sí conviene tener en cuenta varias cosas:

1/ El Gobierno debe mejorar en todo. La atención sanitaria debe estar garantizada para todos y farmacias y centros médicos abastecidos plenamente y sin abuso en los precios. Podemos (y el peculiar vicepresidente) debe ser menos agresivo y no centrarse en las estatuas de Fray Junípero Serra -que deben seguir donde están- sino en el grave problema económico y sanitario que tiene España, un país que nunca sabemos si les interesa o no. Se dice que prefieren Venezuela.

2/ Es obvio que el necesario final del confinamiento no significa por desgracia el final del coronavirus. Es decir que, tristemente, seguirá habiendo contagiados y muertos- Deben ser los menos posibles con buena información de la Sanidad profesional (no sólo del Gobierno) y el cuidado y el respeto de todos a las normas higiénicas y sanitarias. Pero, recuerden, el Covid-19 no ha concluido. Habrá aún noticias no halagüeñas, pero no se puede ni debe, volver a “detener la vida”.  La vida nunca ha dejado de tener riesgos, aunque estos deben minimizarse lo más posible.

3/ La población de ciudades y pueblos (ya sin confinamiento) no debe bajar la guardia. Es obligatorio usar mascarillas y geles hidroalcohólicos, y la amistad, la paternidad o el amor materno o erótico en nada minimizan los riesgos. Donde vivo el uso de mascarillas está altamente generalizado y hay geles en todas partes, pero en las terrazas muchos grupos de jóvenes (jóvenes sobre todo, hasta donde yo veo) se sientan codo con codo celebrando juntos y sin mascarilla, aunque la tienen. Es obvio que para tomar una cerveza hay que bajar la mascarilla, pero luego se vuelve a subir sobre todo al hablar muy cerca, sino se guarda la distancia de seguridad, que en esos cónclaves de parejas o amigos, no suele guardarse. Hay que ser rigurosos y respetuosos. Se puede y debe multar a quien no use mascarilla, por molesta que parezca a algunos. Pero nada justifica volver al confinamiento ni a la alarma, salvo casos personales muy concretos.

4/ Y por último (y son sólo notas elementales) el Gobierno debe dar normas muy claras y explícitas -de acuerdo con la Comunidad médica y la Organización Mundial de la Salud- sobre cómo usar mascarillas y geles y hasta cómo tener relaciones sexuales. Los guantes de látex parecieron muy importantes de inicio, ahora parece que es mucho mejor el jabón o el frasquito de gel que puede llevarse en el bolsillo. Pero siguen haciendo falta normas MÉDICAS -no sólo del ministro del ramo- claras y precisas.

Necesitamos precaución, rigor, no bajar la guardia, pero ir más cada vez hacia la total normalidad (con riesgo controlado) sin confinamiento destructor del vivir ni Estados de Alarma que favorezcan a un Gobierno sobre cuya eficacia y bienhacer existen cada vez mayores y más amplias dudas. ¡VIDA Y SALUD, NORMALIDAD BUENA PARA TODOS!


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