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CORRESPONDENCIA CROCE / ZAMBRANO

La correspondencia, el cruce de cartas, tuvo mucho de necesidad y mucho de arte. Se trataba de comunicarse con personas básicamente afines y lejos, pero si quien se ponía  a la correspondencia era escritor, esas cartas concluían fácilmente en un factor de la literatura del yo, y en un arte de escritura. Naturalmente las cartas, la correspondencia, cuando se reúne, suele estar llena de altibajos. No siempre se tiene tiempo de escribir, no siempre la cercanía es pareja, y junto a cartas largas y sabrosas, la correspondencia suele abundar asimismo en años vacíos o notas apresuradas. Todo ello tiene valor para el estudioso, pero el lector (cree uno) a veces, conociendo el contexto general de los corresponsales, podría espigar momentos principales. No será un error, por lo general.  La correspondencia iba muriendo a finales del siglo XX, pero la puntilla no fue el teléfono sino internet. Claro que algunos decían, al contrario, que el correo electrónico, haría florecer de nuevo las cartas, la correspondencia, pero salvo excepciones muy puntuales, no ha sido así. El e-mail produce sobre todo notas breves, avisos, cosas por lo general lejos de las antiguas cartas. Y ha habido -puedo recordar a Vicente Aleixandre, al pronto- excelentes escritores epistolares…

La editorial Pre-Textos acaba de publicar un tomo amplio con la correspondencia de dos damas ilustres, la italiana Elena Croce (hija del famoso Benedetto Croce, napolitanos ambos) mujer de letras, ensayista y autora de dos bellos libros de memorias, entre ellos «La infancia dorada». La otra -algo más mayor- es la española y ultrasensible María Zambrano («Hacia un saber sobre el alma»), que vivió algún tiempo de su exilio en Roma, y que se hizo amiga y luego corresponsal de Croce. Cada una escribía en su propia lengua y las dos sintonizaban y se entendían. El libro se titula «Hasta pronto, pues, y hasta siempre. Cartas, 1955-1990» entre Elena Croce y María Zambrano. La edición está al cuidado de Elena Laurenzi, y la traducción de las cartas de Croce, se debe a Ester Quirós. Se trata de una bella y buena correspondencia (no falta de silencios ni de algunas cartas breves) donde vemos la sintonía muy grande entre dos mujeres cultas y sensibles que sentían la cercanía España/Italia. Ambas ultrasensibles y en algún punto de salud delicada -Zambrano murió en 1990 y Croce (como dije unos diez años más joven) en 1994. Las cartas, las mejores, hablan de amigos y de proyectos, de Europa -a la que ya ven decaer- pero sobre todo es una correspondencia de sentires sensitivos e intelectuales. De mujeres cultas que comprenden y participan del valor y el sentido de la cultura como vida y del latir humanista, fecundísimo. Una correspondencia vital e intelectual imprescindible. Mujeres que fueron enormes feministas sin proclamas atonales. Lo recomiendo. Escribe Zambrano: «¿cómo hablar de una élite, sea la que sea, si no se ha estado dentro».  Ambas tuvieron padres (Blas Zambrano y Benedetto Croce) que fueron muy notables y libres educadores.


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