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Claudio Bravo, recuerdo de un esteta

Más o menos entre 1960 y 1972, Claudio Bravo, el pintor chileno más internacional después de Matta, vivió en Madrid y era muy famoso por la gran perfección y refinamiento de sus retratos, siempre del natural… A Claudio Bravo, le acompañaba un aire cosmopolita y mundano que nunca lo abandonó. Pero yo era muy jovencito en esa época y no lo conocí… En 1972, Claudio Bravo se fue a Tánger, compró una vieja casona del XIX, cuyos interiores arregló por completo, jugando con la luz, y en Tánger se convirtió (ya en la decadencia de la ciudad) en uno más de la portentosa saga de artistas, voluntariamente expatriados, que jalonan la vida pública y secreta de ese Tánger. Allí lo conocí en los pasados años 90.

Claudio Bravo (que fue bailarín, siendo muy joven) nació en Valparaíso en noviembre de 1936, y murió en Taroudant               -Marruecos- en julio de 2011. Ya no vivía tanto en Tánger y oí que pasaba su tiempo en Nueva York (donde expuso por vez primera en 1965) y en una finca que se había comprado en la Patagonia chilena. Claudio era un clásico, un impresionante pintor hiperrealista, dotado de un refinamiento y un juego con los temas y escorzos de la tradición, muy peculiar. Si Antonio López es el gran hiperrealista de la visión «pobre», Claudio Bravo es el maestro hiperrealista de lo «rico» o refinado. Desde el retrato y el autorretrato, lleno de guiños a los grandes maestros, hasta  composiciones como el cuadro «Madona», donde en un paisaje marroquí, casi desértico, monta una composición de la virgen con los santos (uno un joven Sebastián flechado) que recompone -no imita- a algunos maestros italianos del «Quattrocento». Velázquez y en general la pintura española del XVII, son otros de sus referentes habituales, con los que juega y a los que recrea (lo hace también con un ángel volador de Caravaggio) entre personajes y situaciones actuales y con un aire enormente sobrio -algo que contacta con una mística muy sutil- pero también y siempre con una elegancia escueta, nunca recargada, que marca el ya comentado refinamiento… Homosexual que no alardeaba demasiado de serlo, en la obra de Bravo hay hermosos desnudos masculinos (a menudo magrebíes), así como la influencia marroquí aparece también en un lienzo, por ejemplo, donde retrata con minucia un par de babuchas, en personajes con chilabas y alquiceles y por supuesto en rasgos que llegan hasta el vestuario de un equipo de fútbol local…

Claudio Bravo (que tenía una magnífica colección de escultura clásica romana, que regaló en el año 2000 al Museo del Prado) fue de los pintores que en los 50 y 60 -en pleno furor del abstracto- defendió la perfección del arte realista. Pero lo hizo con «voz» ( como se dice en literatura) es decir, con un estilo y una manera de pintar inconfundibles. Ya en vida del artista, alguna de sus obras alcanzó en subastas de Nueva York algo más del medio millón de dólares. Su muerte fue súbita, inesperada. Es un pintor que por refinamiento, por afán de elitismo, por gusto de un trabajo quintaesenciado y muy elaborado, rehuyó siempre la popularidad y cualquier contacto excesivo con el público. Pero quien no conozca su obra -tan sutilmente ejecutada- se sorprenderá. Fotografía y pintura (véanlo) son artes completamente distintos.

Revista «bonart» (Girona) Octubre. 2011.


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