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Clarice Lispector:Una biografía.

“Ladrona de rosas. Clarice Lispector: una genialidad insoportable.”Laura Freixas. La Esfera de los Libros, Madrid, 2010. 295 págs. “Descubrimientos”. Clarice Lispector. Traducción de Claudia Solans. Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires-Madrid, 2010. 296 págs.

Para muchos críticos y lectores inquietos, la brasileña Clarice Lispector (1920-1977) es una de las grandes narradoras del siglo y no sólo en portugués. Lispector había nacido en Ucrania, hija de padres rusos, que emigraron a Brasil, buscando una vida mejor en 1922, aunque Clarice no fue nunca demasiado precisa con sus primeras fechas. Rusa y judía, la niña ( y sus dos hermanas, que también escribieron pero con menos interés) decidieron enseguida considerarse brasileñas y asumir su nuevo país, pese a una infancia pobre pasada en Recife y a la temprana muerte de la madre, que dejó en la muy compleja Clarice un pertinaz sentimiento de culpa. Laura Freixas (incondicional del arte y la personalidad de Lispector) ha trazado en “Ladrona de rosas” una biografía de la brasileña, muy bien trabada con múltiples textos de la autora y de sus críticos, lo que enrriquece al volumen. Toma casi todos los datos (y lo dice) de las dos biografías básicas que existen de Lispector, la de Teresa Montero y la algo más reciente de Benjamin Moser. Pero Freixas da a esos datos su comentario y  toque de admiradora y extrañada, ante una mujer que fue todo fragilidad, hipersensibilidad y misterio.

Clarice Lispector se casó con un diplomático brasileño, Maury Gurgel-Valente, cuando este empezaba su carrera, de forma que vivió muchos años fuera de Brasil (entre 1944 y 1959) en una vida que no le gustaba nada, la de las legaciones extranjeras, porque era una mujer tan atractiva como introvertida y con problemas psicológicos, que detestaba los viajes y las cenas sociales, pues siempre quería estar donde no estaba. Ya desde su primera novela, “Cerca del corazón salvaje” (1943) aparece una autora que se define por su acercamiento a lo cotidiano desde lo extraordinario de su pensar, y por escribir libros (novelas o cuentos) donde el pensamiento literario, rozando con el existencialismo, tiene mucha mayor importancia que los argumentos, motivos sólo para la reflexión y el humanismo perturbador de la sorpresa. En parte por su ausencia del medio literario local (aunque tenía algunos, como Fernando Sabino) y en parte nada desdeñable por la novedad y extrañeza de su escritura, Clarice tuvo dificultades para publicar, críticas apasionadas y críticas negativas, y no demasiadas ventas. Pero cuando regresó a Río -desde Washington- en 1959, ya separada de su marido, con dos hijos (el mayor sería esquizofrénico) y la necesidad más acuciante de buscarse su vida, Clarice se entregó de lleno a la literatura y aún a las colaboraciones periodísticas insólitas, que lentamente la fueron convirtiendo en un mito de singularidad y fascinación, porque ella, tan atormentada, nunca dejó de querer ser vista como una mujer hermosa, que lo era.Escribió novelas excelentes y peculiares como “La manzana en la oscuridad” ( para algunos la más dificil), “Agua viva”, “La ciudad sitiada” o “La lámpara” entre otras que no cito por su orden sino por su tardía traducción a nuestro lengua.  Pues salvo “La pasión según G. H.” que se editó en Venezuela en 1969 y algunas traducciones piratas argentinas, el único libro que llegó a ver Clarice en español fue la traducción de Basilio Losada de “Cerca del corazón salvaje”, el mismo año que ella moría en Río. Su vida es la tortura lúcida de un misterio y una asombrosa capacidad para ver y entender lo que los demás no peciben. Acaso por eso estuvo en Bogotá, en un congreso de brujería y parapsicología en  1975, además de psicoanalizarse… Ya en sus tiempos de “vice-consulesa metida a literata” había escrito, para ayudar económicamente, en revistas “femeninas”, pero con pseudónimo. Sus mejores crónicas (a menudo insólitas, rompiendo por entero el género) son las que firmó para el “Jornal do Brasil” entre 1967 y 1973, a las que pertenece el tomo  “Descubrimientos” que es el segundo que la editorial publica de esta autora. No se espere nada convencional ni de trivial actualidad, Lispector habla ( a su singular modo) de hombres que lloran, del miedo a equivocarse o de un sueño que ha tenido entre mil cosas, hondas y triviales: “No, antes el sufrimiento legítimo que el placer forzado.”Aunque esa no es su intención, claro, los textos breves de “Descubrimientos” pueden ser una buena introducción a la magia doliente de Clarice Lispector.


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