Celebrando a Dalí.
(Con motivo de los XXV años de su muerte)
Lo dijo él mismo y eso suele quedar mal, pero no era así en su caso. Dalí era un genio. ¿Extravagante, acaso un poco tronado? Puede ser, pero a un genio cabe pedirle todo 
menos la normalidad, esa de los curas y las santas familias numerosas. A Dalí le gustaba una célebre frase de André Gide: “Familias, os odio”. Por ello si Salvador aguantó a la tímida Ana María (que quería mucho a Lorca) jamás soportó a su padre, el notario de Figueras…
Quienes sienten recelos hacia el genio de Dalí (fascinante imaginación y orfebre de la pintura) suelen echarle en cara su insensibilidad humana o política. Claro que Dalí fue franquista –sino no hubiese podido volver a Cadaqués, su eje- pero lo fue a su modo, utilizando a Franco, como Franco utilizó a Dalí. Cuando Picasso hizo una carta para que
los pintores no cedieran obra a la Bienal Hispanoamericana (1952) de Madrid, Dalí contestó diciendo que él cedería su obra con orgullo. Dio una solemne conferencia sobre su pintura en el teatro María Guerrero, adornado al efecto. Allí concluyó afirmando: “Picasso es un genio, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco”. Dalí era tan Dalí que era imposible que fuera bajo ningún aspecto picassiano. ¿Y cómo iba a ser franquista ni nada político, quien hacía orgías de chicos guapos en el Hôtel Meurice de París y veía las masturbaciones más delicadas que le señalaba Amanda Lear?
Dicen que Dalí, en verdad, sólo era “voyeur”. No lo sé con certeza, aunque hay
testimonios. Pero no se me ocurre, con estilo, una sensualidad más refinada. El genio de Dalí lo vio Freud (una de sus obsesiones) cuando Dalí le llevó a Londres, a fines de 1938, su espléndido “Narciso”, el muchacho/roca que se mira en el mar/laguna. Y Freud declaró – a él ya le quedaba poco tiempo- que ese pintor debía ser cuidadosamente seguido, incluso por el análisis. Como Aristóteles supo (en sus famosos “Problemata”) el genio es saturniano o sea, raro,
singular, distinto. La genialidad de la obra daliniana (que hizo suyo el lenguaje surrealista) no se puede discutir, refulge. Su privada vida moral tampoco, porque es la consecuencia de ese genio, ya sabemos que queda lejos de las familias honestas (y aún de las deshonestas) pero es espléndida, enjoyada, turbia, como el abrigo de leopardo que Dalí llevaba en sus últimos tiempos… Lo que 
puede gustar menos (y solo la genialidad lo perdona) es, verbigracia, la insensibilidad aparente del pintor hacia la guerra civil española o hacia la 2ª guerra mundial, ambas tan terribles. Él estaba en Nueva York entre lujos y no miraba. A ese Dalí medio niño, que en tal sentido no había crecido, las guerras le daban mucho miedo –con razón- y por ello volvía la cabeza y no miraba… ¿Mal? Desde nuestro punto de vista sí, pero insisto, hablamos de un genio que nunca ocultó la genialidad. Dalí pintó Cristos, Galas vírgenes y lascivas, labios de grana, tigres, granadas, paisajes bravos y chicos adolescentes. Pero en él nada de eso es normal. En todo buscó la peculiaridad que llevaba en su propio bolsillo, como si Warhol hubiese tenido por maestros a Leonardo y a Velázquez, a la par. Todo el mundo sabe ya que el bigote de Dalí es el que luce Velázquez en “Las Meninas”.
Quiero decirlo todo sobre Dalí y me quedo con las ganas. Como él dijo (sólo un genio lo haría) su mejor labor es su obra literaria. Lean “La vida privada de Salvador Dalí”. Y se admiran.
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