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CARMEN DE BURGOS, PIONERA CON ARTE

La almeriense Carmen de Burgos (1867-1932) procedía de una familia con tierras en la provincia y relativamente acomodada. Tuvo una buena educación liberal y se casó muy joven con un hombre importante de la región, con el que tuvo hijos. Su enorme vocación de periodista, la llevó a escribir en periódicos locales desde muy temprano, pero su vida personal fracasó, alguno de esos hijos murió temprano y su marido la engañaba abiertamente. Carmen no lo dudó, abandonó a su marido y volvió a casa de su padre. Aunque tardó bastante aún en quedarse viuda, nunca volvió a tratar a aquel hombre que indudablemente le hizo daño. Libre ya y con el apodo de «Colombine» (un personaje de la commedia dell’arte, quizá un apodo pronto anticuado) Carmen vino a Madrid a hacerse maestra -lo fue- pero sobre todo a dedicarse intensamente al periodismo más plural desde 1902, cuando en el periódico «El Globo» escribe una sección titulada «Notas femeninas». Auténtica trabajadora de la pluma -su obra es inmensa- Carmen de Burgos escribió además novelas, cuentos y multitud de ensayos variopintos -periodísticos- donde destaca el feminismo real pero moderado, la modernidad (vista por la mujer) y la literatura. Citemos «Ensayos literarios» (1900), «El divorcio en España» (1904) , «El arte de saber vivir» (1906), «Fígaro» (1919), «Giacomo Leopardi» -dos tomos- de 1911, «El arte de ser mujer» (1925) «La Emperatriz Eugenia. Su vida» (1925) o «Gloriosa vida y desdichada muerte de D. Rafael del Riego» (1931).  Fue la primera mujer en España reconocida como periodista profesional y contó con prontos admiradores como Giner de los Ríos o Blasco Ibáñez.  En 1906 viajó casi un año por Europa (sobre todo Francia e Italia) buscando nuevos métodos educativos, aplicables a España.  En 1909, desde Melilla, cubrió como periodista la Guerra de África, interesándose por el destino de los soldados…  Ese mismo año comenzó una relación sentimental y literaria con Ramón Gómez de la Serna (no se casaron nunca) que duró casi veinte años y que sólo acabó -aunque siempre consideró a Ramón amigo- cuando este tuvo una relación con la hija mayor de Carmen. Ramón y ella tuvieron una casa en Portugal, donde pasaron no poco tiempo. De ahí surge la amistad de Carmen de Burgos -muy estrecha- con la escritora lusa Ana de Castro Osorio.

Entre los muchos amigos de Carmen (cercanos o admiradores de su vasta producción) citemos a Zamacois, Díez-Canedo, Salvador Rueda, Antonio de Hoyos y Vinent, Juan Ramón Jiménez, Cansinos Asséns, Galdós o el ya referido Blasco Ibáñez, además de pintores como Romero de Torres -que la retrató-, Sorolla o el escultor Julio Antonio.

Sus novelas suelen tener un fondo de tesis, pero están escritas con gran soltura, como «Los endemoniados de Jaca» (1923) que acaba de reeditar Renacimiento y que es, bajo una historia de amor, un gran alegato sobre el fanatismo religioso.  Podemos citar además -entre muchas- «Los inadaptados» (1909), «La hora del amor» (1920), «La malcasada» (1923), «Quiero vivir mi vida» (1931), con prólogo de Marañón y sobre el drama de los celos o «Puñal de claveles» también de 1931. Además montañas de novelitas o cuentos cortos, tan del gusto de la época, muchos en verdad, y de los que sólo citaré como muestra, «La melena de la  discordia» de 1925. Además Carmen tradujo a Salgari pero asimismo a John Ruskin. Murió en Madrid en octubre de 1932, con 64 años, mientras participaba en una mesa redonda en el Círculo Radical Socialista». Fue una mujer muy moderna y activa, no una radical agresiva como se entendería hoy. Está enterrada en el Cementerio Civil madrileño.

De ser poco menos que una curiosidad «Belle-époque» (algo debido en parte al apodo Colombine) Carmen de Burgos lleva años reivindicada como una escritora notable, muy importante periodista y feminista de ley, sin afanes vengativos Una de las mayores especialistas en Carmen de Burgos (Colombine) es en este momento la profesora Concepción Núñez Rey, que ha hecho importantes trabajos sobre nuestra autora. Descubra a Carmen, si aún no lo ha hecho.


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