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CARL SANDBURG Y LA POESÍA POTENTE

Durante sus bastantes últimos años de vida, el norteamericano Carl Sandburg (1878-1967) se convirtió en una figura nacional y patriarcal de la nación, con amigas como Jackie Kennedy o Marilyn Monroe. Hijo de padres de ascendencia sueca, que se habían instalado en Illinois, Sandburg, que escribió también libros de Historia y literatura infantil, resultó el gran heredero de Whitman o del aliento de Edgard Lee Marsters. Publicó poesía desde 1904, pero lo mejor de su producción y su primer gran éxito, para muchos el en verdad notable, llega en los años de la 1ª Guerra Mundial, y esencialmente con su obra por excelencia, “Poemas de Chicago” de 1916, que acaba de volver a reeditar bilingüe Visor, porque esta excelente traducción del prematuramente desaparecido Miguel Martínez-Lage, apareció ya en 2003 en la extinguida editorial, La Poesía, señor hidalgo… Creo que ahora tendrá más difusión aunque es el mismo libro.

El gran logro de Sandburg, en una poesía estrófica o versicular, siempre ancha, abierta y con un lenguaje muy poderoso, elaborado a la vez que directo y fácil, es cantar con emoción la vida de trabajadores industriales, gentes desheredadas y luego la suciedad de una guerra que fue verdaderamente sucia. “Poemas de Chicago” -plurieditado y aumentado- se convirtió en un mito genuino de la poesía norteamericana más pura, que parecía no deber nada a Pound o a Eliot, por citar a dos muy notorios trasterrados a Europa. Cuando su vigor poético fue decayendo algo, aunque su último libro es de 1963, “Miel y sal”, Sandburg se dedicó a escribir su autobiografía y una notable serie de libros de historia (tres tomos en concreto) en torno al presidente Abraham Lincoln -asesinado- y al que admiraba. Esos tomos sobre Lincoln -el último “Abraham Lincoln: los años de la guerra”, de 1939- le valieron el famoso premio Pullitzer. Tiene uno la sensación como lector de estos poderosos poemas, la mayoría con más de un siglo a cuestas, no sólo de que son mayoritariamente buenos, golpean el corazón del lector, sino que si la poesía de Sandburg es la gran poesía norteamericana -un constante mito de esa nación- los sucesores de Sandburg, serían necesariamente los poetas “beats” y especialmente Allen Ginsberg, aunque los tonos no sean coincidentes, pero sí la expresión o el modo genuino. “Bajo la luna de agosto,/ cuando la plata pulida/ gotea refulgente/ sobre las noches del huerto,/ la muerte, con su gris escarnecer,/ llega y te susurra/ cual bella amiga/ que recuerda.(…) “Un solo puño cerrado está en alto, listo./ Si no, la mano abierta, tendida, a la espera con su pregunta./Elige:/ nos hemos de encontrar en uno o en otra.” Existe en español otra más antigua antología de Sandburg, que hizo en México Agustín Bartra.

 

 

 


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