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Caballero Bonald, perfil de un heterodoxo

Como a los vinos de su tierra (de los que tanto sabe, con ellos reza en breviario sufí) a José Manuel Caballero Bonald -alias, Pepe Caballero- los años lo han afilado y depurado en soleras. Yo lo conocí, cuando en su casa madrileña nos regalaba postres de tocino de cielo, en 1974 o 1975. Y no digo que no fuera ya entonces -cuando “Ágata ojo de gato”- muy inteligente y barroco, que lo era, sino que entonces parecía más viajero y cotidiano. Las canas le han traído un brillo de alfiler zarco a sus ojos, y su acento antes andaluz y jerezano, con este pasar del tiempo, se ha vuelto “bonaldiano”, esto es cubano-andaluz- colombiano-afrancesado. Por eso (ausente él) sus amigos lo imitamos, y remedamos (mal) sus silbantes y palatales, que serían del eolio clásico, sino supiéramos que son tartésicas. Imitar el habla y la dicción de un amigo ausente es -guste o no- un alto homenaje. Y más aún si al imitarlo no sólo producimos sonido, sino que repetimos algunos de sus “aurea dicta”, que tan nerviosos ponen a los mansos. Verbigracia: “Todo lo que no es barroco es periodismo”. Se ha hecho igualmente con Borges o con Lezama, valgan los ejemplos ni cerca ni lejanos…

Cierto que (a veces) hay buen periodismo y mal barroco, pero eso Pepe lo sabe mejor que nadie. Sus dichos buscan remover las aguas de la piscina probática, al estilo del ángel. Los menesterosos se mojan después en ellas o hacen lo que pueden. Pepe Caballero cumple revolviendo, zascandileando, provocando cortinas de humo, abismos de crítica y Campo de Agramante. Y eso que él se muestra de apariencia serena y pasear tranquilo. Pero no, que es llama y chispa. Como buen “infractor” (espíritu joven, jamás adocenado) a Pepe le gusta  inquietar y decir que él no se casa con nadie, aunque nunca niegue luego a sus amigos. Inconforme, antinormativo, ferviente del contrapoder, representa como nadie -en este mundo amuermado, injusto, cruel y cucañista- la voz de la discordia. No hay heterodoxia sin discordancia, y en verdad el verdadero heterodoxo (rebelde, ágil, buido de verbo y sesgo) no ha de pertenecer a ningún bando, aunque esté siempre en las barricadas de los humillados y ofendidos. Filibustero y corsario (a fuer también de buen navegante) Pepe Caballero sabe que la bandera pirata tiene un lema: Donde mi gozo y bien, ahí mi patria: “Ubi bene, ibi patria”. Noches de Maracaibo, isla de Tortuga, cafetín de exploradores… Y entonces -para florear la manzanilla- nos trae a Marco Pacuvio, pintor y dramaturgo latino raro del que sólo fragmentos se conservan de sus doce antiguas tragedias, famoso por sus adjetivos compuestos y acaso por el título de una de sus obras: “Niptra”, o sea el lavado de pies que la vieja nodriza le hace a Odiseo, en el retorno. Docto y decidor como Pacuvio, en su espléndida madurez de viejo poeta de esta latinidad declinante, Pepe Caballero borda el verso precioso y sentencioso, lleno de significante y de significado y se siente orgulloso de la minoría porque sueña que un día solar minoría serán todos: “Sólo lo excepcional es duradero”. “Alrededor no hay nadie, sólo la multitud”. O una de sus más biográficas sentencias, en la que suelo yo acompañarle: “Junto a los barrizales suntuosos del Éufrates”. A qué negarlo: Pepe es rotundamente aristocrático de intelecto y rumbo, por eso defiende a los desheredados y torcidos, abronca a los marquesados del eterno ahora, y pasea de cínico (al modo griego) con su junco y panamá bohemio. Desdeñoso del poder y amante del genuino lujo que los engominados no entienden, a quienes como a Diógenes le acusan de ir a la taberna a beber vino, como Diógenes contesta: Sí, y a la barbería voy a cortarme el pelo. A quienes le reprochan: Esos te han condenado a salir, como el viejo filósofo replica: Y yo los he condenado a ellos a quedarse.

A la abeja semejante, incordio, agudo, fino, Pepe Caballero es un verdadero lujo. Inconforme, esguinzado, perfilesco, huidero, hablistán y parabolano (Juan de Valdés “dixit”), Pepe es un hombre en fuga, un hombre de extrarradios, un capitán de fortuna, un sofista pitagórico. Un contradictor, también, un reflexivo, un satirizador, un pensador de imágenes, un berberisco con aire de  inglés en la India tórrida (los veranos en Simla), es decir, “tout court”, un clásico.”Vida, delincuencia presunta”. Si lo que queda es la voz propia, nadie como Pepe Caballero suena a permanencia ahora. “Mejor esa infidencia que ejercer de obediente” Su mote: “In nocte consilium”: La decisión, por la noche… Enhorabuena.


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