Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


Decadencias

Borges y Macedonio Fernández

Macedonio Fernández (1874-1952) fue un argentino singular en un tiempo en que los “raros” –como decía Rubén- tenían un predicamento más general que hoy. Abogado, cuando tempranamente murió su mujer Elena de Obieta (los hijos, Adolfo y Jorge, herederos de Macedonio, usaban no sé porqué el apellido materno), Macedonio se lanzó a una vida que bien podríamos llamar bohemia. Vivía en pensiones diversas de Buenos Aires, sin ninguna clase de lujos, dedicado a pensar, a escribir y a charlar. Lo primero lo hacía en las pensiones de turno y a menudo dejaba olvidados sus manuscritos en ellas. Pero cuando, a la noche, llegaba al café a perorar sobre sus ideas literarias, se hacía el rey de la concurrencia. El joven Borges, que lo escuchó a diario en los años veinte, lo tenía por un ser mítico. “Yo por aquellos años lo imité- nos dice- hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio”. En 1922 Borges y Macedonio fundaron la revista “Proa” que como tantas novedosas o vanguardistas, duró apenas dos años… Macedónio es un personaje singular y un literato atípico, comenzó en el modernismo y así lo muestran sus primeros poemas, pero luego se va hacia una escritura tan vanguardista como comprensible, que en poesía trata de revivir elegíacamente a su mujer de la que estaba muy enamorado en algunos de sus textos poemáticos más famosos, como los poemas largos “Elena Bellamuerte” o “Muerte mimosa tuya quiero ser Elena Bellamuerte”. Un verso de 1912 explicaría algo: “dónde sólo se vive el haber sido”. Sensitivo e intelectual, Macedonio Fernández explicita muchas de sus lucubraciones en “Manera de la psique sin cuerpo” y después en una búsqueda que le dedica a Borges: “Poema de poesía del pensar”. Visor ha publicado hace poco las “Poesías completas” de Macedonio en edición de Carmen de Mora. Publicadas casi siempre más tarde de su escritura (con dos polos, años 20 y 40, parece que en medio el escritor hablistán se olvidaba) quizá la poesía resume perfectamente el mundo onírico, metafísico y sentimental de Macedonio Fernández, aunque acaso lo más logrado de su talento excéntrico esté en la prosa, como “No todo es vigilia de los ojos abiertos” (1928) o “Papeles de Recienvenido” (1929) que encantaron también a Gómez de la Serna quien terminaría haciéndole una semblanza y un prólogo. Macedonio se olvidaba de publicar (tampoco tuvo excesivo éxito fuera de las élites) y por ello dejó mucha obra inédita. Pero es un escritor fundamental de las vanguardias y además del universo borgiano, acaso mano a mano con otro “raro” español que escribía mucho y peroraba todas las noches en los cafés de Madrid, bajo la mirada perpleja de Borges, hablo de Rafael Cansinos-Asséns. ¿Qué le pudo atraer tanto a Borges de estos dos cuervos benévolos, como el de Poe posados siempre sobre el busto de Minerva? Creo que, ante todo, que fueron (como la del propio Jorge Luis) dos vidas enteramente dedicadas a la literatura. Todo en ellos se volvía literario, y a ratos la biblioteca la llevaban en su propia cabeza. Vivieron de las letras y para las letras y apenas les importó el resto. Macedónio Fernández soñó con fundar una colonia anarquista en Paraguay y aún con presentarse a candidato a la Presidencia de la República, arguyendo que era un quehacer más fácil que el de lustrabotas. Pero las noches iluminadas del café lo devoraron todo… ¿No da una suerte de envidia? Por eso.


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?