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Decadencias

Aurora Luque y el clasicismo

Aurora Luque (Almería, 1962) es ya una poeta consolidada. Eso se consigue poco a poco y es bueno que sea así. Recuerdo aún cuando recibí su primer libro, “Hiperiónida” (1982) que si todavía no estaba cuajado, daba señas precisas de su autora. A Aurora  le gustan algunas cosas que nos acercan: los autores preteridos (en su caso autoras más), las traducciones bellas y el mundo clásico, que a algunos nos sale por los poros desde que jugamos a los romanos de niños y empezamos con el latín, entonces, a los 12 años (“o tempora…!”) La profesora Josefa Álvarez Valadés acaba de publicar en Pre-Textos una antología de Aurora con el título “Fabricación de las islas. (Poesía y metapoesía)”. Cierto que hay metapoesía en Luque –hablar del lenguaje que es carne del poema- pero su metapoesía es cálida porque va más allá de las teorías siendo también una metapoesía de los sentimientos, que se hacen lenguaje poético…

Creo que sólo parcialmente se ha estudiado la conexión de parte de la más moderna poesía española con la vitalidad y vigencia del mundo clásico, del orbe grecolatino, que los planes de estudio arrinconan y anonadan. Habría que hablar de Cernuda y sus “Invocaciones”, de parte del grupo cordobés “Cántico”, de libros como “Hymnica”, “Esto es mi cuerpo” o “La siesta de Epicuro”… En mi generación Cuenca, Siles y yo hemos bebido ese clasicismo hasta ser modernos, y en ellos es además una tarea académica, y por eso pensé que se nota algo menos en suspoemas. Pero Aurora Luque ha sido (o es) profesora de griego clásico en bachillerato, y sus poemas no saben vivir sin tales vitalísimas alusiones:  Albert Pla sale con Hipatia,  Catulo vive ahora , y Lesbos, Mitilene o la fuente Aretusa son presencias hogaño.  “Afrodita Calógera, dale hermosa vejez a tanto vértigo…” De otra manera que en el Renacimiento o que el Neoclasicismo y sacando de contexto el “dictum” de Zubiri cuando afirmó: “Los griegos ahora somos nosotros”, es real que muchos poetas de la última centuria y ahora mismo, sentimos en la clasicidad grecorromana, helenística, una insólita modernidad que empieza por la pluralidad moral, por las varias escuelas filosóficas. A mí Ezra Pound (una de mis admiraciones mayores) me enseñó la modernidad de Propercio y también la de los trovadores provenzales. Hay que ser muy lerdo para no sentir la juventud de Catulo –quizás un Rimbaud de la Antigüedad- o la finura de Safo, acaso porque ha llegado en fragmentos, y la modernidad de vida al fragmento como a las ruinas ilustres… Hay dos títulos de Aurora Luque que envidio, “Carpe noctem” (1994) que se nos podía haber ocurrido a todos, pero que se le ocurrió a ella y “La siesta de Epicuro” (2008), porque el propio Emilio Lledó, tan sabio en los filósofos del Jardín, me confesó la idea feliz de ver a Epicuro sesteando en el Ática. A Juan Gil-Albert le habría encantado asimismo el título. Otro clasicista.  Traductora de Safo y de la simbolista Renée Vivien que también tradujo a la lesbia al francés, pretendo sólo con estas palabras saludar el hacer de Aurora y decirle (lo sabe) que entender la modernidad desde el clasicismo es la lección de las lecciones… “Ave atque vale.”


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