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AURORA BERNÁRDEZ, TRADUCTORA Y CORTAZARIANA (Obituario)

Algunos dirán, al pronto, que no saben quién fue la argentina Aurora Bernárdez, pero casi sin duda habrán leído a más de un gran autor en sus traducciones. En una época (y por error) muchos se fijaban poco en la inmensa y gran labor que significa traducir. Y Aurora Bernárdez fue una espléndida traductora desde el inglés, el francés o el italiano… Otros sabrán (además) que fue la primera mujer de Julio Cortázar, su cómplice, y aún después de su divorcio y muerte del novelista (en 1984) su amiga siempre y su derechohabiente final… Hija de emigrados españoles, gallegos (de hecho, siendo niña, Aurora pasó unos años en Lugo)   Aurora Bernárdez nació en Buenos Aires  el 23 de febrero de 1920. Estudió Letras en esa Universidad y fue una de aquellas jóvenes que quisieron vivir con la literatura siempre. Como otro gran personaje ya desaparecido (traductor y ocasional ensayista) Enrique Pezzoni. Aurora y Cortázar –seis años mayor- se conocieron en 1948, en la vida literaria porteña, ( Cortázar escribirá que era una chica lista “de nariz respingadísima”) se hicieron amigos y pronto más. Les unía el arrebato por la literatura y la charla vivaz y unos gustos intelectuales cercanos. Los amigos comunes siempre subrayaron el gran placer que era verlos juntos discutiéndose o en pleno y brillante complemento.  Cortázar abandonó definitivamente su residencia argentina (rumbo a París) en 1951.  Aurora le siguió en 1952. Los comienzos en la capital francesa fueron duros, difíciles económicamente, y Julio comenzó su ingente traducción de la obra de Poe y Aurora a trabajar en unos grandes almacenes (“Printemps”) gracias a una amiga, Edith Aron, que se haría mundialmente famosa como “La Maga” en la novela “Rayuela”. Juntos y cercanos, Aurora siguió pronto el camino de la traducción también y el de la complicidad con Cortázar. En 1963, por ejemplo, viajaron juntos a Cuba para conocer de primera mano la Revolución entonces tan prometedora. Se habían casado civilmente en 1955 -Julio y Aurora- y su matrimonio duró hasta 1967, en que obtuvieron el divorcio. Pero incluso cuando Cortázar estaba más enamorado de su segunda mujer, Carole Dunlop (que falleció antes que él) Aurora siguió siendo amiga…

La nómina de los autores traducidos por Aurora Bernárdez al español es impresionante: Gustave Flaubert, William Faulkner, Vladimir Nabokov, Ray Bradbury, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Paul Bowles, Lawrence Durrell, Albert Camus o Italo Calvino que, casado con una argentina, fue además amigo personal de Aurora. Yo recuerdo muchas de esas traducciones, en ediciones argentinas, que en años llenaron el cruel vacío de la censura franquista. En mi caso supe antes la calidad traductora de Bernárdez que su relación con el gran Cortázar de “Rayuela” o “Todos los fuegos el fuego”, escritos con ella cerca.   Pero uno de los  momentos mejores de esta mujer  (con tanto trabajo hecho) ocurre cuando, tras la muerte de Cortázar, se dedica no sólo a editar sus inéditos y su correspondencia que es magnífica (como el gran libro sobre Keats) sino a cuidar escrupulosamente el gran legado cortazariano. A que sus obras no le falten al lector. Cortázar tuvo, en esa línea, mucha suerte. Cuando surge un grupo de amigos que (remedando  un conocido título del narrador) se denominan “Queremos tanto a Julio”, Aurora está en cabeza. El legado de Cortázar debe mucho a esta mujer que fue fiel no ya a su exmarido –eso es anécdota- sino al vasto proyecto de vida y literatura que habían forjado juntos en su juventud argentina. En 1994, Aurora recibió el Premio Konex Internacional en el apartado de traducción. Se quedó viviendo en París, al cuidado de la obra de Cortázar aunque cumplió los 90 años en Madrid, entre amigos argentinos. Parece que hace unas semanas se cayó en su apartamento y ha muerto en un hospital de la capital de Francia (atendida por una sobrina) el  8 de noviembre de 2014. Con 94 años. Me temo que el legado valioso de Cortázar no encuentre otras manos iguales.


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