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ANTOLOGÍA DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Conocí la poesía de José María Álvarez (Cartagena, 1942) -que tiene una breve prehistoria social- en la antología de Castellet , ya sabemos que los “novísimos” es ahora algo más ancho y grande- y en la edición de “Museo de cera” de Hiperión no mucho después. Confieso que era un mundo que me gustaba aunque entonces la aglomeración de citas me parecía ocultar, un tanto gratuitamente, poemas menores… Digo eso porque José María (al que sólo conocí en persona en los primeros 80 y creo que en Galicia) es un poeta que ha ido mejorando y subiendo sin cesar y hoy es no sólo el mejor poeta de aquellos de Castellet (tan venidos muchos a casi nada) sino uno de los mejores de esta generación, que también es la mía. Conste que soy muy buen amigo de José María Álvarez aunque no sé por qué últimamente nos hemos visto o hemos coincidido muy poco. Ahora he releído muchos buenos poemas suyos en la antología de Alfredo Rodríguez para Renacimiento, “El vaho de Dios. (Poemas venezianos)”, pues son textos que directa o indirectamente tienen que ver con Venezia (en italiano) que es unciudad que él ama y que amamos muchos otros sin duda… Álvarez es voluntariamente cultista, vitalista y elitista y cree -cada vez somos más- que todo se va destruyendo en esta civilización y Venecia es -desde hace muchos años- la imagen de un ocaso dorado y grandioso, pero crepúsculo o sea fin.  Poesía hermosa, suntuosa y directa, brilla más cada vez ahora que el poeta tiene ya 75 años pero exhala lucidez e ira juveniles.  (“La belleza absoluta  de Venezia muriédose”).  Altivo y desdeñoso con la vulgaridad, los nacionalismos y las patrias, lo que pudo parecer un gesto algo clasista antaño, es hoy para muchos -también para mí- un mero grito de supervivencia. De protesta contra la inmensa vulgaridad que cada vez más lo llena todo, política incluida por supuesto.  He estado con José María -y Carmen, tan bella- en Venecia, hacia Pound, en París la vieja querida y en Murcia y Cartagena también con varios amigos. La poesía de José María crece en belleza, desesperanza y provocación contra la sandez, y no parecen preocuparle -y hace muy bien- los reconocimientos oficiales. Nos gustan Borges, Pound, Baudelaire o François Villon, entre tantos, porque literatura es tradición mejorada.  Nada bueno excluye a nada mejor, por diferente que parezca. Sabes querido José María -brindo por ti, con espumoso fresco y frizzante- que estoy a tu lado en el combate, en el gusto de belleza y arte y acaso -ay- en la derrota inevitable. “Todo es una caricia./ Y entonces ves la Luna/ que pasa/ sola.”


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