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Decadencias

Annemarie Schwarzenbach. ¿Biografía o novela?

Empecemos diciéndolo con claridad: “Ella, tan amada” (Anagrama) la muy premiada  y amplia novela de Melania Mazzucco, es un texto muy brillante y bien construido. Diríamos que es una excelente novela, si no supiéramos que  -básicamente- es una biografía novelada de la escritora suiza Annemarie  Schwarzenbach (1908-1942), un auténtico mito de la trasgresión y de la dificultad de vivir. Cuando el personaje de la novela es antiguo, o se sabe poco de él -el Adriano de Yourcenar- la novela histórica verosímil (nada que ver con la necia moda actual del histórico-esoterismo) cobra todo su sentido. E igual ocurre, desde otro ángulo, si se novela solamente, ahondándolo, un concreto episodio de la vida de un personaje célebre. Pero cuando se traza su vida entera, y esa vida es tan novelesca en sí como lo fue la de Schwarzenbach (rica, lesbiana, morfinómana, íntima de los hermanos Mann, con dos intentos de suicidio y una muerte en apariencia absurda) uno se pregunta leyendo a la italiana Mazzucco: ¿por qué no escribir una buena y literaria biografía no novelada? ¿Qué se gana o se pierde?

Al menos desde Steven Runciman y su hermoso libro “La caída de Constantinopla.1453” (recién reeditado por Reino de Redonda) sabemos -pero desde la Antigüedad era obvio- que se puede hacer espléndida y rica literatura escribiendo historia (o biografía), basta con el autor. Si además hay personaje, miel sobre hojuelas. Y personaje fue, y de primera, Annemarie Schwarzenbach de quien Thomas Mann dijo que era un “ángel devastado” y que con su bello aire andrógino, casi efébico, sedujo a hombres y mujeres, mientras buscaba su libertad, su verdad y su ser en viajes extraños por el Oriente Medio, casada con un diplomático francés homosexual, mientras Alemania ardía en nazismo y sus admirados “gemelos Mann” (Klaus y Erika) y su célebre padre optaban por el exilio.  En realidad Annemarie parece un personaje de Paul Bowles, como el que dice en “El cielo protector”: “No creo estar hecha para vivir-dijo con desesperación”. Un icono del siglo XX: ambigüedad, lirismo, sexo, droga, búsqueda, pesquisa y huída, constante y visceral huída hacia la invisible (y sobre todo intocable) felicidad. Es curioso, “Ella, tan amada” es al menos la segunda novela traducida al español sobre Schwarzenbach. La primera, “Annemarie S. o las fugas deseperadas” de la suizofrancesa Vinciane Moeschler, pasó desapercibida hace cinco años, al editarse en una pequeña editorial catalana (Librería Universitaria de Barcelona). Sin embargo -y hasta donde sé- la obra de Annemarie no está traducida. Pero sí una biografía canónica de  Dominique Grente y Nicole Müller, “El Ángel inconsolable” (Circe). Parece que el fascinador personaje -que sedujo también a Carson McCullers- gana ampliamente la partida a la desasosegante joven rica que también se quiso  (y fue) escritora. Así que es fácil volver al inicio: Si tan agradecido es el orbe desesperado y vivo de Annemarie Schwarzenbach ¿por qué una novela y no una biografía cabal con firme trazo literario? ¿Qué agrega un punto de ficción a lo que ya es extraordinario? “Toda búsqueda es un viaje”, escribió ella.


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