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EL AMOR DE MARÍA LEJÁRRAGA

María de la O Lejárraga (pero ella siempre firmó María Martínez Sierra, el apellido de su marido) murió en Buenos Aires, bastante olvidada, en 1974 con 99 años. Había nacido en La Rioja, vivido en Madrid, mujer ilustrada, culta y socialista, muy amiga inicial de Emilia Pardo Bazán, y maestra, de modernas teorías pedagógicas entre 1897 y 1907. En 1900 se casó (y formaron de inicio una compañía inseparable) con el productor y hombre de teatro, Gregorio Martínez Sierra, muy notorio en el Madrid del modernismo -y más famoso que ella- aunque ha quedado muy claro, que aparte de los libros firmados con ambos nombres, María ayudó o escribió una parte importante  de la obra de Gregorio Martínez Sierra, por ejemplo su drama “Canción de cuna” de 1911. Incluso cuando Gregorio dejó a María, hacía 1930, para unirse con la actriz principal de su compañía, Catalina Bárcena (de la que tuvo una hija) la muy socialista y feminista María, siguió firmando María Martínez Sierra, ¿por qué se hace eso? Parece, no sé si queda muy anticuado, que llanamente por amor. María (amiga de Victoria Kent, de Zenobia Camprubí o de María de Maeztu) se exiló a Francia y luego en México y Argentina…

Es obvio que -desde 1930- sólo existe María Martínez Sierra y que esa obra, hasta el final, es suya.  El problema está antes cuando los esposos colaboraban (pero se desconocen los límites exactos de esa colaboración) aunque la parte de ella sea muy importante, porque la propia María jamás lo precisó. Se sabe que es suyo el libreto de “El amor brujo” de Falla (1915) y que la película “Canción de cuna” (1941) sí la hizo Gregorio, que se quedó en Madrid, donde fallecería en 1947. El libro que ahora reedita Renacimiento, “Una mujer por los caminos de España” se publicó en Buenos Aires en 1952, pero ahora está crecido de notas de Juan Aguilera Sastre y se firma como de María de la O Lejárraga.  El libro recoge la vida de militante socialista y feminista de María Martínez Sierra, que firma así todavía, en 1953, otra parte de sus memorias, “Gregorio y yo”.  No me cabe duda de que eso debe ser llamado amor, aunque suene raro. María Martínez Sierra no fue ninguna desconocida (diputada a Cortes por Granada en 1934) pero es verdad que demasiados años a la sombra de ese marido, al que mucho ayudó, y del que jamás dijo nada en contra. En 1931 dio una notable serie de conferencias, luego publicadas, “La mujer ante la República” y ahí ya no estaba Gregorio en absoluto, pero ella siguió firmando María Martínez Sierra. Poseo la primera edición del libro ahora ricamente reeditado, “Una mujer por los caminos de España” de María Martínez Sierra y está dedicado: “Para el Sr. D. Bernardo Verbetzlay. Muy cordial saludo María Martínez Sierra. Buenos Aires, enero 1953”. Quizá fuera Antonina Rodrigo, en 1994, la primera en rescatar a nuestra dama en el libro, “María Lejárraga, una mujer en la sombra”. Una importantísima mujer, demasiado enamorada, aún en el recuerdo.


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