“Amor griego”
Este artículo apareció en uno de los últimos números de la desaparecida revista “Zero”. Lo doy ahora revisado y aumentado.
Desde el siglo XIX (y procedente de Universidades inglesas y alemanas) comienza a utilizarse la expresión “amor griego” -greek love- como sinónimo de homosexualidad, incluso antes de que se inventara esta palabra. “Amor griego” quería prestigiar, dar lustre, a un tipo de relaciones que entonces estaban severamente condenadas por la sociedad y por la Iglesia; aunque la Revolución Francesa y sobre todo, en Francia, el llamado “Código Napoleón” comenzaron a ser más tolerantes con lo que hasta ese momento sólo había sido “vicio contra natura” ,”sodomía” o “pecado nefando”, esto es, el que no puede ni decirse… ¿Es esta la “tolerante” tradición cristiana?
El “amor griego” (al contrario de lo que hoy es políticamente correcto) aludía sobre todo a la relación entre un adulto y un muchacho como forma culta del amor y del bien. En un ámbito amoroso -y sexual, aunque no se precisara- el joven aprendía del mayor (como en la Grecia antigua) la virtud cívica, es decir, a ser un buen ciudadano, o simplemente aprendía filosofía o arte. El maduro veía en el joven el entusiasmo por la vida (que a él podía empezar a faltarle), el estímulo de la belleza, y cuanto esta categoría significa para el alma… Naturalmente que hablamos en términos ideales, pero eran ellos precisamente los que salvaban al homosexual de la condena. Y Miguel Ángel, y Leonardo y Shakespeare, esos nombres “tópicos” que tanto han ayudado a exaltar el prestigio de lo tenido por abyecto, no dejan de incidir en su idealidad, aunque lo real fuera siempre más revuelto…Por supuesto, aún se podía ser más idealista que usando la expresión “amor griego”, hablando de “eros platónico” (no digo “amor platónico” pues eso ya tenía connotaciones femeninas, es decir, heterosexuales). Sin embargo “eros platónico” vuelve al marco inequívoco entre muchacho y adulto, pero intensifica la idea de que tal amor podía ser sólo espiritual, como el que al fin de sus días (sólo entonces) unió a Miguel Ángel con Tommaso Cavalieri, que ya estaba casado. “Eros” sin embargo, para los griegos antiguos, era un término que conlleva deseo sexual explícito, frente a “ágape” que es amor más familiar o comunicativo…
El “amor griego”era pues, y esencialmente, pederástico, pero no sólo no conllevaba violencia sino que en ciertas sociedades antiguas (Esparta, Atenas) era un rito de paso, una forma de iniciación a la edad adulta, que los muchachos debían superar. Claro está que hablamos de muchachos y no de niños, ya que la edad de la efebía se corresponde básicamente con la nubilidad, es decir, el momento en que el chico de muestras de vida sexual propia, y en teoría es ya apto para el matrimonio en cuanto procreación. Teniendo en cuenta que estas relaciones deben ser libres y sancionadas por la sociedad, no deja de ser una pregunta curiosa, porqué durante siglos, la pederastia (también llamada “eros socrático”) fue la forma más noble de la homosexualidad y desde hace no muchos años es la peor mirada, incluso en la frontera permitida de los 18. Por cierto que a esa edad o a los 19 (correspondiente a los “teen” en inglés) es cuando se cerraba, estrictamente hablando, el “amor griego”. Da la sensación de que una sociedad como la nuestra occidental, todavía muy marcada por la noción judeocristiana de “pecado”, al permitir libremente el amor homosexual entre adultos, no ha querido borrar del todo el interdicto ( como si lo precisara) y así aquel prestigioso “amor griego” de antaño, hoy parece un crimen sin distinción de niños o niñas. Bástenos saber que nada es menos “griego” que lo que la sociedad actual llama, por ejemplo, “pornografía infantil”. Uno puede leer con placer a Anacreonte o a Estratón y sentir horror por lo que es abuso a menores o llanamente un crimen. Jamás se habla de niños pequeños. Nada que ver, aunque algunos pretendan relacionarlo.
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