Decadencias
Amor al Japón
Es bien sabido que la cultura occidental quedó fascinada por el Japón desde finales del siglo XIX. (También China entraba en el bloque, pero China era entonces un país más pobre y semicolonizado). Fueron los tiempos de las “chinerías” y “japonerías” que inundaron desde la decoración a la literatura…
El actual gusto por lo japonés que hay en España y en buena parte de Occidente es desde luego más profundo y menos ornamental, aunque llegue a la decoración y a la comida. ¿Qué restaurante de moda no tiene “sushi”? Por quedarme sólo en la literatura, el lector debe saber que no sólo se ha traducido mucha literatura japonesa (en lo que íbamos atrasados) sino que ya suele hacerse del japonés y no del inglés como era mal hábito. Aunque no dudo del cuidado con que se ha hecho la versión en dos tomos editada por Destino de “La novela de Genji” de Murasaki Shikibu, lo suyo es traducirla del japonés. ¿Qué diríamos si los japoneses tradujesen “El Quijote” del francés? No es eso.
Por cierto, aunque tarde, Atalanta acaba de traducir “El mundo del príncipe resplandeciente” del niponólogo británico (fallecido joven) Ivan Morris. Aunque publicado originalmente en 1964, este libro es uno de los más completos y amenos que existen sobre las costumbres y la vida cortesana del Japón del período Heian (el de Genji, que es “el príncipe resplandeciente” y las damas escritoras como la propia Murasaki o Sei Shonagon, la exquisita autora de “El libro de la almohada”). Llama la atención saber que ese refinadísimo Japón cortesano -siglo X- muy influido por China y los diferentes budismos, aún apenas consumía té ni tampoco pescado crudo. Sin embargo, los elegantes caballeros tenían a bien maquillarse y llorar, practicar caligrafía elegante para seducir a sus damas, y en una palabra, que el modelo viril distinguido era francamente afeminado…
Ese Japón queda lejos del que retrató en su segundo gran libro Ivan Morris “La nobleza de la derrota” (1975) hasta donde sé no traducido aún en España. Y es raro, porque ese libro habla del Japón que parece habernos sugerido e intrigado más: el de los samuráis y las castas guerreras, el del suicidio por honor , el mismo que reivindicó Mishima, y del que La Esfera de los Libros acaba de publicar varias tratados bajo el título común de “La vía del Samurái”. Una de esos tratados, “Hagakure” (del siglo XVII) es el que reeditó y comentó el propio Mishima, liberándolo de la prohibición que cayó sobre él en el occidentalizado Japón de la posguerra. El “Hagakure” dice: “La vía del samurái es la muerte”.
Por lo demás (y sigo en terreno literario) todos saben la abundosa moda de haikús que aún padecemos, y no hablo de las traducciones -camino iniciado ya hace bastantes años- sino de los poetas españoles que escriben o publican “haikús”, algunos bien pero muchos regular. Las modas en literatura abaratan los productos, aunque sea en género tan fino como la poesía japonesa, cuya iniciativa lleva Hiperión. Por lógica detrás del “haikú” vendrá la “tanka”, que tampoco es nueva en español, pero que en lugar de tres tiene cinco versos. No sé si Japón está tan occidentalizado como se dice, pero lo cierto es que a nosotros es el Japón tradicional el que nos encandila. Y es que siempre quieres lo que no tienes, y la diferencia es un grado.
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