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AGONÍAS DE UNAMUNO

El cine sigue usando de la literatura, pero alguna vez la ayuda también, recuperando temas acaso olvidados. Tal ha ocurrido con la última película de Alejandro Amenábar sobre -en buena medida- los tiempos últimos del rector de Salamanca, en los inicios terribles de la brutal guerra civil y su polémica (el 12 de octubre de 1936) con el fundador de la Legión, el gallego Millán-Astray.  No creo que sea casual que acabe de reeditarse     -la primera edición, muy falta de contextos, es de 1991- las notas que Unamuno dejó para trazar un libro sobre nuestro drama civil que habría de titularse “El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y la guerra civil españolas”. Miguel de Unamuno (1864-1936), entonces ya de muy larga y fecunda trayectoria como novelista, ensayista y poeta, no podía ser sospechoso de nada, salvo de su carácter muy individualista          -que alguna vez le llevó a contradecirse, algo que hubiese admirado Stendhal- y a su aparente dualidad al inicio de la contienda, muriendo muy poco después, en su casa de depuesto rector salmantino, bajo vigilancia.

Unamuno, desterrado y exilado por oponerse a la dictadura de Primo de Rivera, fue de inicio claro defensor de la 2ª República, pero como otros no pocos intelectuales, mediando el año 36, empezó a temer los malos rumbos que a su saber llevaba esa República, camino de la revolución comunista. Por eso apoyó en julio de ese año a los generales de la Junta de Burgos (aún no mandaba Franco, sino más bien el viejo Cabanellas) que decían pretender “corregir” el camino republicano, fieles a la legalidad vigente. Pero como sabemos ese momento no duró mucho, pues el 1 de octubre, Franco se había hecho ya con el poder como “Generalísimo”, desterrando la bandera republicana, por la manera monárquica, cuyo escudo también modificará. Es entonces -y a la vista de detenidos, muertos sin juicio y depurados- cuando Unamuno, que no pensaba hablar, dijo aquello de “venceréis pero no convenceréis” y se enfrentó a “¡Muera la inteligencia!” del barbarote Millán-Astray, con todo mucho menos puritano que Franco. Dicen que de aquel mal trago en el Paraninfo de la Universidad (donde se llega a gritar en su contra ¡Al paredón!) lo salva Carmen Polo, la mujer de Franco, que se decía devota de las poesías “cristianas” de Unamuno… El viejo rector se encierra desolado en su casa (ya es la “tercera España”) y toma las notas de ese futuro libro inconcluso. Entonces habla y escribe : “los hunos y los hotros”, esto es, bárbaros por ambas partes.  En la edición de Pre-textos de “El resentimiento trágico de la vida”, los textos y facsímiles manuscritos de Unamuno, no son ni la mitad del libro, pero son estupendas las notas y amplios comentarios de los dos hispanistas franceses que han llevado a cabo esta edición, Colette y Jean-Claude Rabaté. El libro es así otro imprescindible eslabón sobre el drama de la nefasta guerra civil  para comprender la íntima lucha y  desesperación de don Miguel. Su final es el de un hombre de esa teórica pero esperanzadora “tercera España”. Compruébenlo.    


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