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«Aflorismos» Carlos Castilla del Pino

Carlos Castilla del Pino. Tusquets Editores, Barcelona,2011. 189 págs.

Carlos Castilla (1922-2009) fue un gran adelantado en la psiquiatría de nuestro país y un hombre culto con gran vocación literaria (vocación que fue creciendo con los años) más allá de sus libros científicos. Para muchos el culmen de su afán literario está en los dos tomos de sus memorias, crudas, sensatas y analíticas  («Pretérito imperfecto» y «Casa del olivo»), pero últimamente         -como mucha gente que aspira a concentrar saber, experiencia y verbo- publicó ya antes de morir, en plaquettes andaluzas, algunos de estos «Aflorismos» que ahora se nos muestran en su totalidad. Aunque buscando un juego de ingenio (explicado al inicio) Castilla del Pino llama a sus aforismos, «aflorismos», porque afloran de repente, con lo que cruza «aflorar» y «aforismo», la verdad es que -a mi entender- estamos ante una rica colección de aforismos clásicos, que no se acercan nunca ni a las greguerías de Ramón y ni siquiera a los entimemas más juguetones de Vicente Núñez, el poeta que fue buen amigo de Carlos…

La tradición del aforismo es muy antigua, pero ha renacido últimamente. Los textos de los presocráticos no eran aforismos, pero al haber llegado hasta nosotros fragmentados, lo parecen a menudo… Sería demasiado obvio ( pero lo haré) citar a Chamfort y sus máximas, los pensamientos de Pascal o los aforismos del príncipe de Ligne o de Schopenhauer, sus célebres «Aforismos sobre la sabiduría de la vida», en su texto completo, más largos que los anteriores porque los explica… Pero no apunto esto a fuer de mera erudición sino porque es la tradición aforística (de pensamiento más que de relumbrón) en que veo a los  844 aforismos de Carlos Castilla. Muy interesados en el hombre interior y en su relación con el entorno (algo muy propio de un psiquiatra) y escritos con una galana sencillez, porque -lo reitera en varios- cree en la claridad. Así termina uno más largo: «La oscuridad es impostura». El engaño, el éxito (querido y feo), la envidia -parecía preocuparle mucho a Carlos-, la comprensión de los demás que nos miran y a los que miramos,la soledad (terrible o amiga), el suicidio como libertad, la inevitable muerte, la amistad y el amor, la piedad (que no la caridad), y el patriotismo siempre cerril son algunos de los temas (a rachas) favoritos en este «corpus» aforístico, en el que se trasluce el pensador literato de gusto y el hombre de izquierdas, sin ideología prefijada.  Creo que Carlos Castilla del Pino se despide póstumamente con un rico manual de saber vivir . Cito agunos textos, como muestra para el lector y por mi gusto personal: «La piedad, en lo íntimo, enriquece; exteriorizada, es una obscenidad». «Los demás son parte de uno mismo. Nadie es sino con los demás.» «No ser héroe.Ya es bastante con vivir el día a día.» «El suicidio es un ejercicio de libertad, de la máxima posible (…)». «Lo mejor del amor, su recuerdo». «Una cosa es estar solos, otra quedarnos solos.»  «Lo frívolo es la suficiencia de la inmediatez». «Envidiar es una desgracia. Algo se alivia advirtiendo qué tiene el envidiado de lo que carecemos (…)».  Y un broche que, a mi entender, cierra muy bien el tono geniudo y noble del autor: «Vivir es el arte de aceptar la indeclinable derrota.» Un hombre sabio se despide (parece lo propio) con un librito singular y agudo. Como los otros aforismos y los poemas, se lee mejor a sorbos cortos.


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