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ACOSO ESCOLAR (POEMA DE DOLOR Y LUNA)

No pudo haber foto: es mi memoria la imagen viva…

Yo vi cómo te sacaban de la tienda en aquel oscuro campamento

viril, entre el viento áspero del monte, mientras la luna dulce

brillaba en tus piernas desnudas. Te habían dejado en calzoncillos

y llevabas el pelo revuelto y los ojos oscuros… Debí pensar:

tengo que ayudar a Iván como él me ayuda, pero me quedé

quieto, paralizado, cobarde, estúpido. ¿Yo era un hombre? Sólo

pensé con temblorosa fragilidad: Es raro. Ves, no llora. Porque

ellos gritaban e insultaban entre risas chabacanas, pero tú,

casi desnudo, te dejabas arrastrar, asumías el esplendor y

la belleza de la víctima. Te llevaron junto al estanque aquel,

sucio, verdinoso, y te violaron los cinco. Gritaste, nada más.

Luego aquellos salvajes bestiales e inocentes como tantos,

eyacularon entre palabros y penumbra sobre tu cara… Tu rostro

hermoso, Iván, tus labios carnosos que deseaban en miserable

silencio. ¿Silencio? No más infame o nefando que el mío…

Te dejaron entre aquellos helechos, pringoso, herido, desnudo. Sólo

una hora después me atreví a acercarme, sin ruido. Sentí que

te asustabas. Sonreí. Llevaba agua y una toalla limpia. Bajo la gran

luna inmisericorde, te fui limpiando lentamente y noté tu abandono,

tu cansancio, aquella belleza excelsa que hoy me hace pensar en

el lienzo de un mártir con el cuerpo blanco y los muslos duros…

Sentí el placer con que te abrías (leves gemidos) para dejarte

limpiar, hasta que pude ponerte el calzón y la blanca toalla

por encima… Entonces te acaricié el pelo. No lo pude evitar,

fue un tirón, algo ígneo, el sobresalto de la vida, y tú mismo

llevaste  mis manos a tu cuerpo y me besaste despacio. Tu boca sabía

a sangre pero he oído que la sangre es dulce… Eras tan hermoso

que yo sentía miedo. Dijiste: Por favor, avisa a un coche, un coche

desde la casa del guarda, abajo. Lo hice. Supe que denunciaste

todo aquello y te marchaste de la ciudad, imposible para ti.

Amigo mío, mi hermano, extraño amor… Lo entiendo. Nunca supe

más, ni ellos tampoco. En mi recuerdo, Iván,  tu cuerpo fulge en

una cálida luna, me iluminas y sé que no hay felicidad, ni paz,

ni bien, ni humanidad, ni fraternidad. Es mentira todo. Menos tu belleza.

(Iván, dios de los gemidos, alma del muslo,  esos labios secretos…)

 

 

 

 


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