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ACERCARSE A EUGENIO D’ORS

Eugenio d’Ors (que firmó también Xenius  y Octavi de Romeu, entre otros pseudónimos) pertenece muy poliédricamente a un momento convulso pero excepcional de España, con aires cosmopolitas, muy complementario de Ortega y Gasset, y lejano pero no menos complementario a la excepcionalidad de Unamuno. Escritor -o pensador literario- primero en catalán y luego en español, sin contradecirse nada, d’Ors es un modelo de diversidades y una suerte de modo de pensar dandi y neoclásico, que  quiere  desterrar las florituras modernistas, por la belleza de una luz helénica. Aunque su obra capital son las breves piezas del “Glosario” que terminarán en el “Novísimo Glosario” (hablamos de 1916 a 1947) d’Ors escribió muchos otros libros tanto de pensamiento, crítica de arte, cercanías con la novela y hasta algunos  poemas que sólo se recogieron póstumos. Eugenio d’Ors (1881-1954) tiene un magnífico monumento en Madrid frente al Museo del Prado. Su brillante librito, “Tres horas en el Museo del Prado” (1922) era de lectura obligatoria en mi bachillerato.

Yo he amado siempre a d’Ors  (“Flos Sophorum”, 1914; “Estilos de pensar”, 1945; “Introducción a la vida angélica”, 1939) y no me ha sido difícil entender que su problema intelectual en la España hodierna, fue su vinculación al franquismo, aunque todo lo llenara de ángeles míticos, se retratara como Erasmo, o en estilo D’Annunzio nada semejante, se hiciera un vistoso y singular uniforme  de postguerra, blanco, en un mundo de uniformes. Pero eso ha pasado o debiera haber pasado y debemos ir al d’Ors puro, con sus muchos circunloquios.  Renacimiento publica un librito de d’Ors (de la mano de Carlos d’Ors, uno de sus muchos nietos) titulado “Gnómica” y que se editó en 1943. Aforismos varios sacados de las glosas o de su ingenio, el libro va ilustrado con dibujos del propio d’Ors, que dibujaba muy bien. Los dibujos no fueron hechos para estos aforismos (nos aclara Carlos) pero les dan sello y figura. Un pensador dandístico, no puede negarse al aforismo. Le salen. Veamos uno: “Es peligroso tener el corazón alado./ Vale más tener la vista alada.” O este otro: “Nada hay tan moderno / como lo que no debe cambiarse”.  Y siempre (aunque tiene su contexto) ese “dictum” orsiano:  “Todo lo que no es Tradición es plagio”. Que no es sino puro afán de novedad fundamentada. La única posible novedad del sabio, que conoce que el Mediterráneo no se descubre. Es muy viejo. Es cierto que vemos volver a acercarse a Eugenio d’Ors porque es un imprescindible clásico vivo. Si los papanatas catalanistas no lo quieren, ni los añorantes dictatoriales (porque sólo creyó en la dictadura del abierto pensamiento humanista) ello vuelve a d’Ors más nuestro, más de ahora, más de siempre. “Tan sólo una Sola Cosa/ te será contada/ y es/ TU OBRA BIEN HECHA.”


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